Impagables

Afortunadamente, está en el otro bando

Hubo un tiempo en el que se intentó deslegitimar la justa lucha contra el independentismo repitiendo una frase muy redonda, que parecía ser irrefutable y que muchos llegaron a creer que efectivamente lo era.

Se enunciaba así: Todo lo que se hace contra el independentismo _ el Gobierno, el PP, Ciudadanos, Rajoy o Rivera _, solo sirve para convertir a más independentistas cada día.

Claro, la decían los más interesados en desacreditar el derecho del Estado a evitar cualquier clase de secesión, pero a la vista está que si alguna crítica cabe plantearse es precisamente la contraria, es decir, que se ha luchado poco contra esa plaga.

La unidad es un bien en sí misma y cualquier territorio que la alcanza pugna por mantenerla, no como piensan Puigdemont, Mas, Pujol y las restantes lumbreras del proceso, por ser el Estado un aparato represor de la voluntad popular, sino simplemente porque con ella los ciudadanos pueden vivir con mayor comodidad, más protegidos y mejor atendidos.

La secesión es un mal per se, y si se llega a ella _ aquí o en el Ártico _, no será achacable a un éxito, sino a un fracaso.

A la vista de algunos personajes que hoy militan en ese ideario, se nos ocurre pensar que la famosa frase describe mejor el panorama si le damos la vuelta como a un calcetín, pues hay una pléyade de figuras en el bando pro-independencia que provocan la huida generalizada hacia el contrario, asustados ante la posibilidad de que algo suyo pueda ser contagioso.

Rahola, Rufián, la monja Caram, Rovira, Guardiola, Gabriel, Karmele … son eficaces repelentes del independentismo y trabajan a favor de la unidad con afán y ahínco. Su mera presencia actúa como disolvente de las ideas disolventes. Ellos son los auténticos apóstoles de la unidad. Que lo sepan.

Un comentario a “Impagables”

  1. Aureliano Buendía

    La foto que hoy nos pones, Cora, es tremendamente significativa sobre la esencia del “prucés”: una estrella de la telebasura envuelta en una bandera ilegal.

    En la España de Karmele y las gloriosas tardes-noches de Tele 5, todo es posible, hasta que una banda de iluminados traten de tapar su latrocinio y su nefasta gestión con una declaración de independencia de opereta.

    El problema es que, para tan caducada mercancía, hay millones de consumidores, gente que de buena fe cree las barbaridades que dice la Armada Pujol, y que está dispuesta a jugarse el físico por un país que no existe más que en las carteras del tres por ciento, las cuentas offshore y los paraísos fiscales.

    Sigo siendo muy pesimista. Cuando la situación ha alcanzado un nivel semejante de cutrez, cualquier desaguisado es posible.

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