Cuando chasque los dedos…

Eres independentista y solo me votas a mí

El 155 está permitiendo a los independentistas camuflar ante sus votantes el monumental fracaso político que acaban de protagonizar, lo cual supone al mismo tiempo ventajas e inconvenientes.

La aplicación del eficaz artículo trajo el punto final del proceso y la convocatoria inmediata de elecciones. Los partidos implicados en la deriva golpista apenas tuvieron tiempo de digerir el ridículo cosechado por no perder el tren electoral. Ni uno lo ha hecho. De modo que en la oportunidad perdida de pasarles factura, se ha ganado un nuevo intento de estabilidad.

A muchos no les gustó dejar viva Tv3 en la creencia de que así volverán a las andadas. Sin embargo, el porrazo ha sido de tales proporciones, que todo podría quedar desprocesado para una larga temporada al margen de los resultados del 21D.

Claro está. Si de las elecciones sale un gobierno no independentista, miel sobre hojuelas; pero incluso al revés, Cataluña necesita normalizarse tanto para frenar el descalabro económico, que puede ser suficiente.

Por eso se buscan, con rapidez inusitada y en medio de un gran nerviosismo, todo tipo de combinaciones, y por eso la gran pregunta de estos días previos a la campaña es saber si el sueño cataléptico administrado a manos llenas durante el proceso será dosis suficiente para que los votantes olviden, perdonen o justifiquen a los partidos causantes de los mayores daños en todos los órdenes que ha sufrido Cataluña, y los aúpen de nuevo y sin solución de continuidad a las responsabilidades de Gobierno.

En una situación normal _ sin hipnosis _, esos partidos podrían despedirse del poder durante unos cuantos años.

Pero Cataluña no vive una situación normal desde hace tiempo, sino en una prolongada sesión de ilusionismo, y es posible que el mago no haya chascado los dedos para marcar el fin.

Un comentario a “Cuando chasque los dedos…”

  1. Aureliano Buendía

    Es imposible “normalizar” en 2 meses lo que ha tardado en destruirse 40 años. Antes se hablaba mucho de los 40 años de Franco; ahora ya han transcurrido otros 40, los que hay desde el 77 hasta aquí.

    Y en Cataluña, progreso económico aparte, estos 40 años han sido de retorno al monte, al radicalismo nacionalista y antiespañol; todo ello, con la aquiescencia de los sucesivos Gobiernos que en el Estado han sido. Pasaremos a la Historia con el dudoso honor de haber sido el único Estado que ha financiado, con cargo a fondos públicos, su propia destrucción.

    ¡En fin! Seamos optimistas, porque no podemos ser otra cosa. Vamos a pensar que de las elecciones del 21 salga un gobierno autonómico, sostenido por Colau o por la Verge de Montserrat, que no repita las atrocidades del anterior. No ya que gobierne bien, que sería demasiado pedir, sino simplemente que no haga barbaridades.

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