Desmesura de la Calzada

Un buen hombre

Me uno sin reticencias a los homenajes póstumos que recibe Gregorio Esteban Sánchez Fernández, conocido artísticamente como Chiquito de la Calzada.

Lo hago porque la percepción que pude alcanzar de él como simple espectador, o como lector de alguna de las entrevistas que se le hicieron, me acerca la imagen de un hombre bueno, optimista, alegre, positivo, inteligente y gracioso, características que siempre deben ser apreciadas por encima de las rufianescas, chulas, malencaradas, caprichosas, indocumentadas y mafiosas que abundan en comportamientos públicos y privados.

También como profesional, es decir, como humorista en sus años de éxito, solo puedo tener buenas palabras para Chiquito, porque es cierto que con un limitadísimo repertorio de tics conseguía con facilidad la sonrisa, cuando no la carcajada, del espectador.

Ahora bien, a donde no puedo acompañar a alguno de los panegiristas que han brotado en torno a su figura este fin de semana es a consagrarlo como el mayor renovador del lenguaje de los últimos tiempos por el mero hecho de que hoy mucha gente dice fistro, comenaguer y pronuncia a su estilo la palabra pecador.

Semejante exageración cometen los que atribuyen a José María García una revolucionaria influencia en el lenguaje periodístico por repetir con más frecuencia de la deseada los calificativos de abrazafarolas, chupópteros y lametraserillos.

Tanto una opinión como la otra solo pone de manifiesto una negligencia cultural de proporciones bíblicas por parte de quien la expresa, que hiere a los oídos del espectador medianamente instruido y ofende a Chiquito o a García, pues ya se sabe que los elogios inmerecidos están cerca de la burla y se alejan del halago, que en todo caso ha de ser comedido y proporcionado.

Un comentario a “Desmesura de la Calzada”

  1. Ramón

    Totalmente de acuerdo, es una pena que tuviese que morir una buena persona, para que no hablásemos por unos días de Puigdemont. ¡ Gracias Chiquito !.

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