La doctrina Forcadell

_ ¿Será una DUI o un chirimbolo?
_Parecer, parece un pimiento.

A los consumidores habituales de CSI, que no es una droga sino una serie de televisión sobre investigaciones criminales, les habrá extrañado el caso Forcadell.

En CSI, todos los episodios transcurren viendo cómo los polis van de los escenarios a los laboratorios en busca de pruebas que les permitan enchironar y procesar a sus sospechosos porque en la comisión del delito han dejado un rastro imperceptible a primera vista que los denuncia como autores del mismo.

Los presuntos delitos de Forcadell los tenemos grabados, transcritos, taquimecanografiados, resumidos, troceados, titulados y muchos de ellos, retransmitidos en directo con traducción simultánea. Sin embargo bastó que pronunciase dos fórmulas mágicas para que todo el borroso panorama judicial que tenía delante se diluyese como la más negra tormenta de verano cuando en A Estrada hacen sonar las campanas de Liripio.

La primera fórmula, recomendada por Harry Potter y por los profesores del colegio Hogwarts, es decir que todo aquello cuanto vimos, leímos y escuchamos durante los últimos meses no era tal; no pretendían separarse, ni fundar república alguna, pues todo se reducía a una simbólica representación teatral con motivo de cumplirse el 382 aniversario de la muerte de Lope de Vega, una efemérides preñada de simbolismo, como sabemos.

En resumidas cuentas, si ustedes, como menda, estuvieron preocupados esos días por si nos robaban un cacho de patria, hemos hecho el gilipollas, ya que Forcadell y sus mariachis solo estaban representado La dama duende, de Calderón.

La segunda fórmula abracadabra de Carme de España que nos hace suspirar aliviados se enuncia así: Jamás volveré a jugar con la cosas de comer fuera de la Constitución.

¿Pero no habíamos quedado en que todo era simbólico?

Un comentario a “La doctrina Forcadell”

  1. Aureliano Buendía

    Todo es simbólico. La revolución catalana parece una revolución, pero es un símbolo, una coña.

    También España parece un país, un Estado occidental que cumple los estándares, pero en realidad es la misma merienda de negros que ha sido siempre. No tenemos remedio.

    A estas alturas, lo que conviene es un cambio de Gobierno. Después de las elecciones catalanas, unas generales, que nos proporcionen un buen Gobierno de Pedro Sánchez, sostenido por los nacionalistas y Podemos.

    No crean que lo digo en broma. A lo mejor se encontraba alguna solución. Y, quizá también, algún problema más, que es el supremo arte patrio.

Comenta