El altar impune

Púlpito de la catedral de Granada

Aunque se llame Juan Pujol, no le voy a explicar al párroco de San Feliu de Guixols la Transfiguración de Cristo en el Tabor, a cambio de que él no utilice el púlpito para dar clases de Constitucional. Ni es lugar, ni él es autoridad, ni a sus feligreses les debería interesar su opinión sobre tan terrenal cuestión.

Se pueden ustedes imaginar hacia dónde dispara mosén Pujol desde los altares y aún sin pertenecer a su diócesis, algunos contribuyentes estamos hasta el gorro, no de los pujoles de turno que aparcan su cometido espiritual para atender inquietudes golpistas que atentan contra nuestros bolsillos, contra nuestro ordenamiento jurídico y contra nuestra paz y convivencia, sino de sus superiores, en Roma o donde se sienten, que se ríen beatíficamente de lo que ocurre y lo toman todo, como sus colegas civiles, a título de la libertad de expresión.

Serán todo lo libres que quieran a la hora de decir burradas anticonstitucionales, pero no duden de que cada año hay al menos un camino para expresar la indignación que producen, tanto este Pujol separatista, como el desestabilizador obispo de Solsona, la monja compatriota de Echenique, los firmantes de homilías conjuntas, los trabucaires de la cáscara amarga y sobre todo, ya decimos, sus superiores jerárquicos, que no mueven un dedo en ningún sentido mientras lanzan mensajes de armonía, solidaridad y entendimiento, como si eso no fuese con ellos.

Sus queridos exdirigentes políticos están en la cárcel por ser unos delincuentes a la luz de la misma legislación que les da amparo para subir a un púlpito y largar a chorro libre; pero si les dice a sus feligreses que los han encarcelado por sus ideas, miente y deberá confesar sus pecados si desea sentarse a la diestra de Dios Padre, que por cierto, ni se apellida Puigdemont, ni como usted.

2 Comentarios a “El altar impune”

  1. Aureliano Buendía

    ¡Con la Iglesia hemos topado!.

    Con la misma Iglesia Católica que, después de ser durante siglos soporte de varios poderes, muchos de ellos bárbaros (recuérdese la Inquisición en España), ahora parece tener mala conciencia, y muestra una peligrosa tendencia a embarcarse en cualquier aventura progre. Tampoco es algo totalmente novedoso en España, donde el cura trabucaire ya es figura centenaria.

    En ese camino, hemos llegado a tener un Papa cuasimontonero, obispos sandinistas, y curas comunistas. Ahora, la última moda es el nacionalismo, y los mosenes, deseosos de compartir el destino del “poble” se apuntan con entusiasmo.

    No tengo muy claro qué fue primero, si las iglesias vacías o las cabezas vacías. Lo que sí creo es que estos curas trabucaires prestan poco servicio a Cataluña, y desde luego, ninguno a la Iglesia.

  2. Ramón

    Si Jesús levantara la cabeza, y viese a estos mentecatos, despotricando desde los púlpitos para enfrentar u tres millones de catalanes con 36 millones del resto de España, seguro que lo destituía en el acto, lo que por otra parte debería hacer el Papa, puesto que Jesús no está aquí en este momento.
    ¡¡ Viva la caridad cristiana !!

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