El pecador contra el 8º

Salvadó: Lo veo muy negro.
Junqueras: Pues yo el doble.

Emilio Castelar se quejaba de que en España no hubiese historiadores de lo cotidiano y de las pequeñas anécdotas de los grandes hombres. Sus razones tendría, aunque la apreciación es injusta, incluso antes de aparecer en el ruedo literario el canario Benito Pérez Galdós, llamado El Garbancero por lo mucho que le daba a la pluma para contar aquello que Castelar echaba en falta.

“Miquiño mío”, o sea, Galdós en boca de doña Emilia Pardo Bazán, se habría puesto las botas con las andanzas de esos dos personajes llamados Puigdemont y Junqueras durante el descarrilamiento, o sea, entre el 30 de agosto y hoy.

Ese día hay un momento fabuloso que seguramente es la punta del iceberg de otros muchos, cuya intrahistoria comenzamos a saber vía pinchazo telefónico. Es cuando el secretario de Hacienda, Josep Lluís Salvadó, número dos del vice, reflexiona con éste y con un asesor.

Entre los tres, uno a uno, o todos de golpe, llegan a la conclusión de que la independencia desde el punto de vista económico es absolutamente inviable. Una conclusión a la que ya habían llegado otras muchas personas sin cargos y casi sin estudios.

Y entonces, conformes en el diagnóstico, acuerdan también el primer paso a dar: “El presidente Puigdemont no puede saber nada de esto”. El católico practicante Junqueras se apresta a pecar contra el 8º cometiendo la mayor mentira que en aquellos días puede decir un vicepresidente económico de Cataluña:

_ Carles, me han dicho mis asesores que esto va a ser Jauja. Que nada más declarar la independencia vendrán empresas a un ritmo de 20 por hora y que los bancos se pegarán codazos para poder entrar. Europa está entusiasmada y nos quieren dar créditos para lo que gustemos.

_ Eso es lo que estaba esperando oír. Ahora nos saltamos unas cuantas leyes y listo _ contesta el otro pailán.

Un comentario a “El pecador contra el 8º”

  1. Aureliano Buendía

    Hoy he visto una referencia a una entrevista que le hacen a un periodista, que al mismo tiempo es uno de los más recalcitrantes conspiranoicos de este país, en la que opina que todo está pactado en el “prucés”, incluso la aplicación del art. 155, la destitución del Govern y la “intervención” de la Generalitat.

    Se trataría, según este inspirado pensador, de convencer a la ciudadanía española de que se ha actuado con energía contra la sedición catalana, para justificar una reforma constitucional que, en realidad, terminaría acogiendo las grandes reivindicaciones de los nacionalistas.

    Lo peor de todo, es que no me sorprendería que semejante atrocidad fuere cierta. A lo mejor me estoy volviendo, también yo, conspiranoico.

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