Los unos y los hunos

Lo más parecido a un grupo de batasunos gritando consignas nacionalistas en un acto donde se quema la bandera española es un grupo de franquistas gritando a un pedestal donde había estado una estatua del ferrolano. Esas demostraciones de fuerza o de indignación ya no van a ninguna parte, ni interesan al común de los ciudadanos.
Los primeros, porque son unos fachas de exclusión futura; los segundos, porque fueron unos fachas de exclusión pasada. Prueba de su absoluta inconsistencia política es que durante todo este tiempo, sólo salen a la calle y se hacen notar cuando desaparece una estatua, y no cuando desaparecen otros elementos de urbanidad de mayor enjundia. El grito de “Franco, Franco, Franco”, es como el de “Amadeo de Saboya, Amadeo de Saboya, Amadeo de Saboya”. Anacrónico, obsoleto e irrelevante.
Sirve, si acaso, para que los talibanes revientahistorias justifiquen su gran hombrada diciendo que los símbolos franquistas alientan la nostalgia de la población. ¿Y si la alientan, qué? ¿Y si los reyes del Retiro alientan la monarquía y el Ángel Caído, que también está en el Retiro, da pie para la difusión del satanismo?
Hagan la prueba, desmonten la estatua del demonio y ya verán cuántos adoradores de Satanás salen de debajo de las piedras reivindicando cuernos, cola y perilla.
Ahora van a por el Valle de los Caídos. Otra medida de imperiosa urgencia y necesidad. ¿Qué vendrá después? ¿El Parque de Doñana, creado a finales de 1969, es decir en pleno franquismo? ¿Los túneles del Guadarrama, el pantano de Cíjara, Radio Nacional?
Los talibanes por un lado y los nostálgicos por el otro componen una estampa trágica y lamentable. El monumento levantado a la estupidez, a la inutilidad y a las afrentas que creíamos superado con el paso de los cinco anteriores presidentes del Gobierno.

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