Acostumbrados

Ahora que se inicia la andadura del II Año Triunfal de Derechos, al socaire del talante, viento en popo a todo velo, hay varias menudencias sobre las que a los leales súbditos les encantaría obtener versión oficial.
La primera, por su inmediatez temporal, es saber si la acción de desatornillar, desencajar y volatilizar la estatua ecuestre de Franco durante la madrugada del 17 de marzo hay que considerarla un regalo de cumpleaños a don Santiago Carrillo, o por el contrario todo se debe a un guiño del azar. Como se rumorea que ambos personajes tuvieron un papel destacado en los esfuerzos por eliminar compatriotas por vía expeditiva, los familiares de las víctimas del segundo se preguntan si ahora van a ser menos víctimas que las del primero, por aquello de compensar los años de la oprobiosa.
La preocupación se extiende por saber si otros personajes no menos tiranuelos, de cetro, ros o espadón, también van a ser desatornillados de la peana; si se podrá leer a Balmes y rezar al Matamoros, o si La Rendición de Granada, de Francisco Pradilla, pasará a engrosar los fondos de algún almacén de Obras Públicas.
También existe gran interés popular en saber si las frailas se podrán casar entre sí, cuándo estará lista la ley que regule la Primera Comunión civil y si va a abordarse dentro de este ejercicio la creación de créditos blandos para la financiación de botellones.
Florentino también está preocupado por saber si el Real Madrid va a ser trasladado a Barcelona para acabar de una vez por todas con el puñetero centralismo.
Entienda el ejecutivo que la preocupación no presupone oposición a todas cuantas novedades tenga a bien decretar. ¡Faltaría más! ¡A estas alturas y que nos traten de fachas! Ustedes hagan lo que la conciencia les dicte, que para eso están donde están. Aquí abajo nos hemos acostumbrado a éstos y a mayores bandazos.

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