El silencio de los corderos

Hannibal o Clarice

En una película, la de ayer habría sido la última escena. La policía entra en la guarida de los malvados y desbarata sus planes deteniéndolos. En la vida real, a saber; porque aquí nadie renuncia a ser el chico, a tener más razón que un santo y a representar los más eximios ideales democráticos.

Sin embargo, no todos pueden ser el prota. Si eres fan de Hannibal Lecter, debes hacer frente a dos obligaciones, renunciar a Clarice Starling y saber que has saltado al otro lado de la ley, porque hoy por hoy, matar a una persona y comérsela está muy mal visto por la comunidad. De igual forma, el plan para comernos ha chocado de bruces con un pedazo de ley por la que suspiramos durante muchos años, llamada Constitución. Por ella se luchó, penó y sufrió, no para hacerla flor de un día, sino base de la convivencia.

Ahora van los caníbales y dicen que no, que es al revés y que ellos tienen derecho a merendarnos. Han elegido estar con Lecter. Bien, no pasa nada, pero para hacer legal el canibalismo tendrían que aprobarse antes un par de artículitos.

Por mucho que se repita, una mentira nunca deja de serlo. En todo caso, si se insiste día y noche, se conseguirá aumentar el número de engañados, pero la mentira sigue siendo tan gorda el primer día como el último.

Puigdemont se alza como el garante de la legalidad caníbal, frente al Gobierno opresor, sin darse cuenta de que él es un vulgar delincuente y de que lo que le cae encima solo es la justicia del Estado, como le ocurriría si pretendiese atracar de noche a punta de pistola.

Para disimularlo dice que ha faltado diálogo sobre el canibalismo. Quizá. También es cierto que durante mucho tiempo, frente a esas falacias, solo se escuchó el silencio de los corderos y ya no va a ser posible prolongarlo. O Hannibal, o Clarice.

2 Comentarios a “El silencio de los corderos”

  1. Aureliano Buendía

    Significando lo mismo, hay palabras que se adecúan más al contexto que otras, bien sabido es.

    Y en este caso, siendo el contexto esta España de nuestros dolores, y el marco temporal las cuatro últimas décadas, sería mucho más adecuado decir que, en relación con el nacionalismo catalán y vasco, lo que aquí se ha producido, más que de los corderos, ha sido “el silencio de los borregos”

    Durante la construcción del malhadado “estado de las autonomías”, se han cometido todos los errores posibles, y alguno más. Por “error” entiendo yo cuando uno no se da cuenta de que lo que hace no es lo más adecuado a las exigencias de la realidad, pero la ignorancia le lleva a cometerlo.

    Cuestión distinta es cuando uno se da cuenta de que lo que le proponen no es lo correcto, y que a la larga terminará dando problemas, pero aún así lo hace, por intereses políticos del momento o para que no le tachen de retrógrado. Esta circunstancia también se ha producido y repetido, en cientos de ocasiones, a lo largo del proceso autonómico. Se ha tragado con exigencias inaceptables de vascos y catalanes, o para que te aprobaran los presupuestos generales del Estado, o simplemente para tener la fiesta en paz.

    Y de tropiezo en tropiezo, hemos llegado hasta aquí. ¿Y cómo vamos a salir de ésta?. Yo sólo pido que la solución no sea demasiado desastrosa. Porque buena, a estas alturas, no hay ninguna.

  2. Moncho

    Lo único que quería negociar es como queriamos que nos devorasen, estofados, en nuestro jugo, o “ou o espeto”, estes son listos, pero parece que a todo hay quien ganes, panda de borricos.

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