Los carteles del circo

1-O, única función

Una de las ventajas de Cataluña independiente sería que el coste del millón y pico de carteles pro referéndum que fueron incautados este fin de semana no repercutiría en nuestro bolsillo.

Por el contrario, hoy los paganos somos usted y yo, salvo que se demuestre la donación desinteresada de una tía soltera de Carles Puigdemont, que habiendo ahorrado un millón de euros, y no teniendo más sobrinos a los que dejárselos, decide pagarle a Carles ese pequeño capricho.

_¡Anda, tía; cómprame un millón de carteles para el refe!

Y si solo fuera la factura de la imprenta podríamos darnos con un canto en los dientes. La imprenta es el chocolate del loro, la pataca minuta que decía el ínclito José María Caneda. Es decir, que “vamos de caspa caída”, como también se oyó al mismo personaje.

Es tal el cúmulo de irregularidades, de robos, mentiras y suplantaciones en torno a estos golpistas de tres al cuarto que ya nada parece ser suficiente para agravarles la pena, como sucede con el viejo método para introducir un elefante en una plaza sin que nadie se dé cuenta. ¿Cómo puede lograrse? Muy fácil, metiendo antes otros 99.

Puigdemont y sus cuates han superado con mucho el umbral de saturación ilegal, de modo que ahora pueden meter nuevos delitos sin que se note y sin que se les agrave la pena.

Entramos en las dos últimas semanas y en ellas se anuncia mayor presión económica contra las pretensiones secesionistas. A saber qué efectos produce. Nos estamos acostumbrando a vivir en tensión catalana y cuando pase _ porque si pasó el diluvio, esto también pasa _, no vamos a saber qué hacer con tanto tiempo libre.

Hay que ver cuán buenos que son estos políticos, que se desviven para montarnos un circo y que no nos aburramos. Eso sí, los carteles los pagamos nosotros, claro.

3 Comentarios a “Los carteles del circo”

  1. Aureliano Buendía

    El espéctaculo es digno de recordarse; como comedia u ópera bufa, no tendría precio.

    Cuestión distinta será si el día 1 de octubre (ya es casualidad, en el anterior régimen, ese era el “Día del Caudillo”) alguien mide mal su ataque o su respuesta, y nos encontramos con heridos o, Dios no lo quiera, muertos.

    En Cataluña ya existen experiencias previas que no invitan al optimismo, allá por 1934. Podemos pensar que hoy es imposible que se produzcan acontecimientos similares a los de hace 90 años, pero lo cierto es que lo que resulta muy difícil reproducir son los actos inteligentes; las gilipolleces, se multiplican solas, y no pocas veces terminan en tragedia.

  2. Tolodapinza

    Lo que está a la vista es la desfachatez de los políticos secesionistas. Desfachatez, impostura, manipulación y mentira. Pero lo que no se ve tanto es que han inflamado de “santo ardor” al gentío que les simpatiza. Ese es el peligroso.

    Hoy he oído en la radio las declaraciones de un concejal de un ayuntamiento catalán (ayuntamiento que se opone al referéndum ilegal) acerca de las provocaciones en plena calle y por teléfono que reciben él y sus compañeros de consistorio, y me he preocupado/espantado más que bastante. Que saben a qué colegio van sus hijos, dice que le han dicho. Eso ya es otro nivel. Y quien le increpa o amenaza no es un político secesionista “de nombre, se esos que salen en la tele” sino gente anónima, conciudadanos suyos perfectamente desconocidos.

    De ahí a la violencia física, y no solamente verbal, hay un pasito… que los políticos secesionistas “que salen en la tele” animan a dar, día tras día.

  3. Moncho

    Los carteles se pagaron con los ahorros de los Pujol, lo que tenemos que agradecer porque así vuelven a España los dineros evadidos, ¿veis como no eran tan malos ?, tenía su justificación lo del tres %, era para ahorrarnos este gasto a todos los que no somos catalanes. ¡Por fin lo entiendo!.

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