Húmedos pañales

Raphaël Chambat

Es de suponer que haya llamado mucho la atención de nuestras autoridades _ nuestras, en sentido mayestático _, la enérgica protesta realizada por el consejero consular de Francia en Barcelona, Raphaël Chambat, pidiendo que caiga el peso de la ley sobre los pirómanos que prendieron fuego a su bandera, a la de Europa y a la española.

Pide también que se disuelva el grupo que promovió la hoguera, Arran, horrorizado de que pueda ser legal una organización que se dedica a hacer semejantes cosas.

No sabemos cuánto tiempo lleva en España el señor Chambat, pero a poco que sea, ya se habrá dado cuenta de que aquí todavía estamos con la democracia en pañales, creyendo que quemar banderas es libertad de expresión y que interpretar las leyes como nos salga del píloro es ciencia jurídica y democracia.

El respeto por los símbolos y la persecución de quienes atenten, no solo contra los propios, sino también contra los de los aliados, vendrá, si hay suerte, en posteriores generaciones, después de pasar varios sarampiones, la escarlatina, las paperas y toda suerte de enfermedades propias del crecimiento.

No obstante, hace muy bien el señor Chambat en exigir lo que exige, aunque solo sea con afán didáctico para que los nenes de la guardería sepan que esas cosas son caca y no se hacen. Bueno, no las hacen los adultos, pero aquí las consienten, no se vayan a traumatizar los cachorros de la insumisión en sus infinitas ansias de protesta y desobediencia, como dice Colau riau riau.

Suerte tendrá el señor Chambat si al recibo de su escrito no se desencadena un ataque masivo de risotadas entre el estamento judicial encargado de tramitarla.

_ ¡Mira lo que dice este gabacho! ¡Que no le quememos la bandera! Pero si nos ciscamos en la nuestra, ¿qué no haremos con la de ellos?

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