Derecho a reír

Señor Mandela, está usted muy lejos

A mediados del pasado mes de agosto, una de estas columnas firmadas por menda soliviantó los ánimos de un número no menguado de secesionistas catalanes que se pusieron las botas desgañitándose a mi costa en periódicos y redes sociales. Evidentemente, no les había gustado. Estábamos a la recíproca. A mí tampoco me gusta un pelo lo que ellos pregonan.

Como es norma en los trece años de existencia de esta sección, todo el argumento va salpicado de ironías, chistes… hasta chascarrillos con más o menos gracia. Pero como algunas de las reacciones intentan manchar el recuerdo de mi madre _ pobrecita mía _, quedaba claro que estos señores no solo se creen los dueños exclusivos de Cataluña y del derecho a decidir, sino también del derecho a reír.

Ellos pueden hacer los chistes que les venga en gana con España, los españoles, el rey o el Cid, pero amigo mío, cómo a alguien se le ocurra preguntarse qué le han metido al espetec para que proliferen tontos y levantiscos, se abaten columnas y se prenden las hogueras inquisitoriales de antaño.

Una de las tesis expuestas dentro de la caterva de insultos vomitados era que yo no podía entenderlos porque estaba a 800 km de Barcelona, como si durante toda mi vida estuviera siempre a esa distancia de esa ciudad, y como si por esa razón me encontrase imposibilitado _ yo y muchos millones más _, de entender a Mandela, porque lo suyo ocurre a 12.000 km, o a Octavio Augusto, por vivir a veintiún siglos de hoy.

Aunque abandono pronto la lectura de tan brillantes premisas, por referencias sé que se extienden durante días en otras muy parecidas, motivo por el cual, pasado el tiempo de réplica, les comunico que ni el honor de mi madre, ni lo expuesto en la columna han sufrido el más mínimo daño.

Me preocupaba que lo supiesen.

Un comentario a “Derecho a reír”

  1. rois luaces

    Enhorabuena!

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