El nacimiento de una noción

Pangea, el resto son barrios

Andar a la búsqueda de cuántas y cuáles son las naciones que componen España es uno de los ejercicios más estériles a los que pueda dedicarse hoy un político.

Primera y principal razón, porque es un trabajo para el que no está preparado, no señor. Ni figura entre sus cometidos, ni servirá de nada, descubra lo que descubra. Quizá a un historiador le encaja más. A un taxidermista.

Es como si se pone a escarbar tras los huesos de un triceratops. En caso positivo, como mucho, le felicitarán los paleontólogos. Y eso, si no lo denuncian por intrusismo. Punto pelota.

Sánchez acaba de decir que en España hay tres o cuatro naciones, por lo menos. Se intuye que en diciembre puede haber descubierto otras dos o tres más. También nos ha ilustrado con una afirmación sorprendente, pues según él, una de las naciones que hay en España es, ni más ni menos que ¡España!

Es fabuloso. Mira que llevamos años siendo españoles y todavía no nos habíamos dado cuenta. Yo creo que la culpa la tienen los argentinos, porque claro, vas allá, te preguntan de dónde eres y si respondes que español, ellos te dicen: “¡Ah! ¡Gallego!” Y si te coincide, como es mi caso, pues lo dejas estar.

Aquí, en Galicia, vivían los oestrimnios, o sea, los del Extremo Occidente, pero en el fondo se trataba de una denominación común de los grovios, zoelas, seurros, bibalos, veasminos, copori, tirios y helenios, por citar solo a algunas de las cincuenta o más tribus aquí metidas.

Y después de muchos romanos, suevos y franceses, hizo una campaña Cunqueiro y nombramos presidente a Rosón.

Menos mal que Sánchez incluye a Galicia entre las tres o cuatro naciones que hay. Sin embargo se queda corto. En Lugo somos de empanada de liscos, y en Pontevedra tiran más hacia la de lamprea.

Comenta