Corea, asunto pendiente

Jugando a líder mundial

¿Y ahora qué le decimos a Pyongyang? ¿Que no le tenemos miedo, o Nucleares no, gracias? Algo hay que poner en la pancarta.

En Corea del Norte están muy preocupados por la frase que finalmente se elija, y no se descarta que si optamos por la más hiriente, Kim Jong Un acabe por presentar la dimisión y por entregar todo su arsenal nuclear, cual Vercingétorix derrotado entregó sus armas ante Julio César en Alesia.

Éste no es un chiste belicista que anime a bombardear un país donde el 35 por ciento de la población, que suma más de 25 millones de individuos, es de alguna forma personal militar, entre soldados en activo, reservistas y organizaciones cercanas al Ejército. El belicista es su enloquecido líder, que acaba de dar un pisotón en la tierra para producir dos terremotos seguidos de entre 5 y 6 grados, y cuyas consecuencias, como es fácil suponer, no se limitan estrictamente al territorio dentro de sus fronteras, sino que las pagaremos todos y todas, y toditos y toditas.

Pero una reacción es lanzarle un pepino al hijo de su padre para deshacerle la raya al medio de su ultrasónico peinado, y otra ponernos a silbar el flower power con banderitas, confetti y serpentinas.

¿Qué hay que hacer con este tío que cada dos por tres nos menea la tierra, y que cualquier día es capaz, él solito, de liarla parda, poniéndonos en danza otra vez a millones de personas al borde de un ataque en Normandía?

No, no esperen que se lo diga, porque no lo sé; pero lo que sí digo es que habrá que hacer algo en algún sentido. Sabemos que manda un ejército de nueve millones de personas y que probablemente sea el mayor del mundo en estos momentos, pero seguimos siendo muchos más los que no hemos nacido norcoreanos.

A mí estos tíos que se peinan raro, no me gustan un pelo, incluido Puigdemont.

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