Objetivo, un millón

El Día Mundial sin Pantalones es otro distinto

Es el Día Internacional de la Juventud y sus organizadores ponen sobre la mesa una cifra que es como una losa y un agravio. 150 millones de jóvenes no saben leer ni escribir. A los países donde el analfabetismo está más o menos desterrado se nos deberían caer los palos del sombrajo al escuchar esa realidad y comprobar a qué otras campañas e intereses dedicamos grandes esfuerzos a lo largo del año.

Al lado de esa carencia está el hambre, claro. Una angustia que se deja sentir con urgencia diaria, mientras que la existencia ágrafa se lleva aparentemente mejor, aunque solo sea un trampantojo de los sentidos.

Volvamos una vez más al viejo y rotundo aserto: Si queréis que deje de pasar hambre un día, dadle un pez; si queréis que deje de pasar hambre toda la vida, enseñadle a pescar.

Leer y escribir es la pesca total, el primer paso para procurarnos la subsistencia. Por eso resulta inconcebible que los esfuerzos realizados en ese sentido sean tan rácanos, tan extraordinarios, tan puntuales.

Y ahora hay que decir también que la culpa no solo recae en los países preparados para ofrecer la ayuda, sino que también en muchos casos radica en los gobiernos o satrapías que rigen esos territorios, recelosos ante la posibilidad de que un pueblo fácil de manejar con supersticiones y letanías impuestas, comience a pensar por su cuenta y llegue a la conclusión de que está siendo explotado por una pandilla de tiranuelos que jamás darán un paso en pos del beneficio común.

A veces esa misma situación se da incluso en poblaciones no ágrafas mediante la utilización de otros medios más sofisticados, pero todo tiene un orden de prioridades y la que nos propone este año el DIJ es profundamente sugestiva. Ojalá en 2018 nos digan que solo necesitan instrucción 149 millones de jóvenes.

Un comentario a “Objetivo, un millón”

  1. rois luaces

    Habría que ver cuántos escolarizados hoy y aquí saben de verdad leer y escribir, o sólo saben pintar la mona

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