Secretismo

Tarde pía el cardenal Tarsicio Bertone pidiendo a los creyentes que ni compren ni lean El Código Da Vinci, pues a los 20 millones de ejemplares vendidos habrá que sumar ahora los que se incorporen a través de la película que se prepara.
En realidad el Código no es más que una novelita muy bien hilada, con vocación de best-seller desde la primera línea, utilizando los resortes que la familia Plantard de Saint Clair y el Priorato de Sión ponen encima de la mesa para demostrar cinco asuntillos de nada: 1.- Que el Santo Grial es una deturpación de Sang Real. 2.- Que María tuvo más hijos que Jesús, y que el propio Jesús los tuvo de María Magdalena. 3.- Que la Sang Real son esos hijos. 4.- Que todo tiene su continuación en el suroeste francés, con Rennes-le-Chateau como punto central. Y 5.- Que templarios y merovingios participan de forma activa en la transmisión de la fábula.
Sorprende que el Vaticano reaccione contra el Código cuando todo lo que puede contener la novela en ese sentido está expresado en publicaciones anteriores, donde precisamente no se exponen desde la fantasía, sino desde la verosimilitud del ensayo y la recreación histórica. Claro que nunca hasta la llegada de la novela el tema había estado en tantas bocas, y lo que te rondaré, morena.
Si como el propio cardenal Bertone recalca en su comunicado, el Código es un libro de ficción, habrá de reconocer que ni es el primero, ni el que plantea versiones más contrarias a los dogmas evangélicos, aunque sí el de mayor trascendencia pública.
Esto se arregla con luz. Es necesario arrojar mucha luz, no sólo sobre el Priorato y los Plantard, sino también sobre todas las grandes lagunas de la historia que se repiten con machaconas falsedades, tanto desde las más altas instancias eclesiásticas, como desde las académicas y políticas, porque en el fondo todos luchan por mantener su estatus, fraguado en mentiras o adaptaciones.
Y ojo a María, esa desconocida, que viene fuerte.

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