Corea y el Día Mundial

Kim

En el Día Mundial del Orgasmo Femenino, que se celebró ayer, Corea del Norte elevó varios puntos el tono de su lenguaje, tan agresivo como siempre, para amenazar esta vez con transformar las islas adyacentes y el propio Seúl en un mar de llamas, aunque no precisamente en un fuego de pasión.

También anuncia actuaciones estratégicas que incluyan misteriosas “medidas físicas que movilicen todo nuestro poder nacional”.

Esas palabras son inquietantes como para tomárselas a broma. El orgasmo femenino, también; de ahí el atrevimiento de unir ambos conceptos, que parecen opuestos en cualquier escala donde los sitúes. El amor y el odio; la paz y la guerra; el placer y el sufrimiento.

Corea del Norte es desde hace bastantes años una de las ronchas más incómodas del cuerpo mundial y cuando se mira hacia ella se hace con la misma actitud de un médico que examina una mancha en la piel de un paciente. Se le da importancia, no por lo que es, sino por lo que puede llegar a ser.

Entre tanto, Corea y su denostado dirigente viven de dar miedo. El país se arma para dar miedo y de sus portavoces emergen frases como las de ayer, que evidentemente causan pavor. Hoy la población de Seúl no puede celebrar ese Día Mundial con total tranquilidad y relajación, desde luego, aunque no parece probable que el orondo líder norcoreano haya tenido en cuenta la celebración internacional del orgasmo para lanzar su bravata, porque tampoco las sanciones que la motivan estaban pendientes de la fecha.

La amenaza y el climax son el alimento de Kim Jong-un. Zapatero reconoció que el suyo era una mezcla de tensión y crispación. Hay asesores que deberían estar prohibidos.

Kim Jong-un crispa todo lo que puede en unas relaciones con el resto del mundo cada vez más tensas, más alejadas del orgasmo y por lo tanto, de la necesaria relajación.

Un comentario a “Corea y el Día Mundial”

  1. Aureliano Buendía

    Hoy va de geopolítica, la cosa.

    Y ciertamente, la cuestión es preocupante. Tenemos personajes grotescos, ya conocidos, como Kim Jong-Un, y actores nuevos igual de lamentables, como Donald Trump.

    Sobre este último, hay que decir que está mejorando mi opinión del sistema de gobierno americano, que parece tener, al menos por ahora, los mecanismos para impedir que este payaso se salga de madre. Si consiguen mantenerlo así, sería una buena demostración de las bondades de una democracia bien organizada, que es capaz de proteger al pueblo incluso del disparate que él mismo cometió votando a este personaje.

    Sobre el coreano, hay que decir que si no fueran los misiles, con estos elementos la cuestión daría para una obra musical o literaria, un híbrido entre la ópera bufa y el teatro del absurdo.

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