La capital reversible

¿La Cibeles también era reversible?

Protéjanse las napias, porque esta columna huele un poco.

Carmena ha instalado quince urinarios portátiles en la zona centro de Madrid y si tuviésemos que apostar, diríamos que lo ha hecho para dar que hablar en las ingenuas polémicas de las terrazas agosteñas.

Resulta que hasta ahora nadie ha aplaudido la medida y eso que la pestilencia en las zonas de instalación es como alguna leche, condensada.

Por el contrario, las críticas abarcan toda suerte de aspectos. El primero, que siendo Carmena de militancia igualitaria, reparta urinarios sexistas que únicamente pueden usar los hombres, o mujeres con muy buena puntería, ya que el receptáculo es un tubo central a la altura de la cadera de una persona de mediana estatura.

Niños e inválidos también están excluidos. Los pudorosos protestan porque al ser tan abiertos, no se evita que desde los laterales el respetable público pueda admirar las zonas íntimas de la anatomía masculina.

Por criticar, también se les critica que son pocos y que se han puesto en unos sitios y no en otros. En unos, por haberse instalado allí; en otros, por no haberlo hecho.

Pero la crítica más demoledora es cuando se dice de ellos que al no tener un sistema químico adecuado, lo que consiguen es acrecentar la intensidad de las emanaciones. Con lo cual, apaga y vámonos.

Si no los ha instalado para dar que hablar, ¿cuál podría ser el otro fin de estas estructuras? ¿Tapar baches? ¿Estropear las fotografías de los turistas en quince puntos de la ciudad?

Fuentes municipales han destacado que la iniciativa es de carácter reversible. Esto es, que si no funciona, se elimina, porque total es de presupuesto bajo. No sé, no veo a Carlos III demoliendo la Cibeles porque era reversible. Con lo fácil que es enseñar que hay que salir meado de casa.

Un comentario a “La capital reversible”

  1. Aureliano Buendía

    Ha tardado tres días, pero, al final, no ha podido contenerse. En la bitácora de ayer, por fin, nuestro progre de guardia ha entrado, a justificar la represión en Venezuela. ¡Hay que andar más rápido, hombre, que la contestación al facherío hay que darla en caliente!.

    Sobre la bitácora de hoy, tengo sensaciones encontradas. Por una parte, me parece bien la instalación de urinarios públicos, un servicio que está en desaparición en nuestras ciudades y que cubre una necesidad primaria (nunca mejor dicho).

    Pero, claro, si la instalación no se realiza en condiciones que garanticen la absoluta salubridad y limpieza, evidentemente estaremos creando un problema de narices.

    Puede que Carmena se haya apuntado a la turismofobia, y quiera espantar a los guiris de Madrid con los olores, pero ha de tener cuidado, ya que si la cosa pasa de ciertos límites, puede tener problemas con la Convención de Ginebra, porque pueden considerarlo uso de armas químicas. Los efluvios de un orinal, rancio de tres días y con el calor de Madrid, pueden equipararse, tranquilamente, al gas mostaza.

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