Lo tóxico

Típica imagen tóxica

En 2008 se hablaba de los activos tóxicos. Hoy la expresión ha triunfado y tenemos la toxicidad hasta en la sopa. Es como si al castellano le faltasen palabras, o hubiésemos caído fascinados ante una que es esdrújula y con equis a la vez. El no va más.

Este fin de semana tropiezo con ella cuatro o cinco veces, lo cual quiere decir que si no la empleas es que estás fuera de la onda.

Descubro que existen jefes tóxicos, que son aquellos bajo cuyo mando los empleados se sienten muy molestos y que hace años se denominaban tiranos. Que hay novios tóxicos, que en líneas generales antes eran solo celosos, y padres tóxicos, antes conocidos también como maltratadores.

Básicamente hemos reducido adjetivos para englobarlos en esa nueva categoría acorde con los tiempos. Un tipo tóxico daña al medio ambiente o a sus ocupantes. Es como un vertido realizado a cielo abierto. Da igual los componentes que lleve.

Si se trata de ahorrar, estoy de acuerdo. Los futbolistas dejarán de ser tuercebotas y los llamaremos directamente tóxicos, como a los malos políticos, a los alumnos o a los chapuzas. Todos tóxicos como el amianto.

La que más que llamó la atención fue Irene Montero, que en una entrevista sobre el enamoramiento y su manera de entenderlo, vino a decir que el amor romántico es opresor, patriarcal y tóxico, aunque vete tú a saber qué entiende ella por romanticismo y por lo demás.

Como las entrevistas están para eso, para que las interpretemos, en ésta de Irene se ve la alargada sombra de Pablo con solo asomarse, y podría añadirse que en este caso, detrás de una gran mujer hay también un gran hombre.

Un hombre que procura regar de productos tóxicos allá por donde pasa, para que lo reclamemos como al detergente de los años 60, aquél que lavaba limpio, limpísimo.

Un comentario a “Lo tóxico”

  1. Aureliano Buendía

    De la concepción del amor como algo “opresor, patriarcal y tóxico” a la procreación y crianza tribal que proponía Anna Gabriel, sólo hay un paso. Y de la crianza tribal al estado en que nos encontrábamos antes de descubrirse el fuego, dos.

    Lo he dicho en muchas ocasiones, y lo sostengo cada vez con más convicción: dos reformas educativas más, y subimos a los árboles de nuevo.

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