Ola de calor

¡Como se entere la consejera!

Resulta reconfortante leer que la Sanidad valenciana no prohíbe el uso de la palabra niños para referirse a ellos, solamente la desaconseja.

Uf, menudo peso nos quita de encima, porque una consulta a Google me dice que en El Punto Je la he utilizado 1.755 veces, lo cual podía conllevar cárcel, o retirada del permiso de escribir.

Solo la desaconseja y propone como alternativas: infancia, niñez, menores o criaturas, en clara demostración de que no se puede ser más memo, cursi, ignorante y dictador a un tiempo. Memo, mema, se entiende, porque la titular barra titulara del departamento es una señora que para su desgracia no destaca demasiado, ya que se llama Carmen del Montón i Giménez.

Solo a ella se le puede ocurrir que caiga el oprobio sobre la palabra “niños” y que para sustituirla priorice el uso de “criaturas” porque acaba en A. No vamos a repetir hoy argumentos ya expuestos sobre el particular, porque quienes han llegado al poder y se creen legitimados para cambiar el lenguaje, no atienden a razones gramaticales, ortográficas o consuetudinarias, sino que actúan a piñón fijo, anuladas sus facultades cognoscitivas por el dogma y negados a cualquier otra consideración.

Gracias a esa precariedad mental es posible escuchar que la misma señora recomiende decir “curaremos a pacientes” y no “curaremos a los pacientes”; que digamos “personas enfermas” y no “enfermos”, y así una serie de tonterías tan descomunales que nos las creemos porque vienen impresas y en papel oficial, pero que más parecen salidas de Muchachada Nui, de los Max Brothers, o del desierto del Gobi, cuando el sol te reblandece todo lo que es el bulbo raquídeo y comienzas a decir gilipolladas.

Por si esta última fuese la causa del desbarre, no estaría de más que los valencianos derramasen sobre la cabeza de la señora un montón de cubitos de hielo.

2 Comentarios a “Ola de calor”

  1. rois luaces

    ¡Se enterará! Ese letrero no tiene cosa sana; está destinado al desguace: jornales y salarios para las labores deconstructivas que caracterizan la ruina actual

  2. Aureliano Buendía

    Se hablaba, en tiempos, de la opresión que ejercía la Iglesia sobre la sociedad, aherrojando con sus dogmas cualquier forma de pensamiento disidente. Y era cierto, sobre todo en algunas épocas particularmente oscuras, que coincidían con la mayor estrechez de los vínculos entre el clero y el Poder.

    Por circunstancias similares a las que aquí se vivieron en la Edad Media, transitan ahora los países musulmanes. No son muy felices, pero van tirando, entre la sharia y las bombas.

    Pero no era ese el objeto de mi comentario. Se refiere, más bien, al hecho de que, ahora que en Occidente hemos conseguido librarnos de la influencia excesiva de la religión en la vida social, y ya no tenemos rígidos censores eclesiásticos que nos mantengan rectos en el duro camino de la moral católica. Prácticamente sin límites, se puede decir o pensar lo que se quiera.

    Para mí que al hombre no le gustan estas situaciones. El hombre necesita un control mental estricto, algo que le quite el exceso de libertad. Y, una vez liberados de los dogmas cristianos, hemos buscado rápidamente un sucedáneo.

    Hemos tenido que fabricarlo, pero nos ha salido bastante bien. Hoy en día la nueva religión, llamada “corrección política”, controla todas y cada una de nuestras palabras y acciones, y se muestra más eficaz a la hora de aherrojar los pensamientos que la vieja censura católica.

    Y claro, cada vez que se avanza un poco más allá por ese camino, se incrementan exponencialmente las posibilidades de terminar haciendo el gilipollas (o gilipollos).

Comenta