Unha perna tapa a outra

Campos y Martínez. Cómo se hace una moción de censura

El fracaso de la moción se quiere tapar con el anuncio de una nueva.

Tan grande es su desconfianza de que las urnas acaben por derrotar a Rajoy, que toda la fuerza se le va en fuegos de artificio, números circenses, paseíllos toreros cruzando el hemiciclo, morreos, aplausos, champú y autobuses con la cabra equilibrista por toda España.

En el fondo, una moción de censura sin socios suficientes, sin afán constructivo, con una gran carga de reproches y con poco realismo en las alternativas se convierte en un ejercicio malabar de cara a la galería, aunque lo que de verdad le importa a la galería es que el trabajo político reluzca en otras instancias de menor exposición mediática y de mayor influencia social.

Por eso hay que desconfiar de la eficacia de los caminos elegidos para mudar las caras del poder. Si el votante no cautivo llega a esa conclusión es más por lo bueno que ofrece quien se postula como nuevo, que por lo malo que se le afea al viejo.

Se trata de ilusionar, de mejorar y de crecer, tres verbos que conjuga muy poco quien se acaba de proponer como presidente, cuya mera imagen induce a pensar todo lo contrario. Y es que marea imaginar a ese señor en la Moncloa, como nos recuerda una de sus confluencias.

Es evidente que su especialidad es el espectáculo, lo inmediato y lo mediático. Le ha venido muy bien para situarse en poquísimo tiempo con un poder político increíble, pero considera que puede ser así para siempre. También lo creía Beppe Grillo y hoy, salvo error u omisión, está en caída libre.

Hay dos explicaciones, a cual peor. Una es que el personaje no sepa hacer otra cosa, y entonces se lo acabarán cargando. La segunda es que tenga razón en su estrategia, y entonces será él quien se acabe cargando todo lo que tiene a su alrededor. Es un caso de diván.

Un comentario a “Unha perna tapa a outra”

  1. Aureliano Buendía

    Moción tras moción… ¿a dónde pensarán que van?.

    Quizá sería mejor que pensaran en ganar unas elecciones, que no será tan difícil, si trabajan los dos (PSOE y Podemos) en la misma dirección, digo yo.

    Si yo fuera socialista, me preguntaría: ¿cómo es posible que no consigamos ganar a este PP?.

    Un PP enfangado hasta la rodilla en la mierda (con perdón), y con una gestión en lo económico que no alcanza el notable, asediado por el problema catalán…

    ¡Y no conseguimos ganarle! Llegados a ese punto, quizá habría que pensar que el problema lo tenemos nosotros mismos.

    Y, desde luego, una buena solución al mismo puede ser reincorporar a la dirección del PSOE al mismo candidato que ha perdido dos elecciones contra Rajoy en sus horas más bajas.

    Si fuera socialista, como digo, pensaría todo eso.

    Lo que no me atrevo es a decir qué pensaría si fuera de Podemos, porque no sé si su radicalismo es una estrategia o corresponde a una base ideológica real. Cualquiera de las dos posbilidades es para echarse a temblar.

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