Ignacio, ferrolano

Una foto imposible en Ferrol

Se han escrito tantas y tan hermosas reflexiones sobre el ejemplo de Ignacio Echeverría que no me consideraba capaz de competir ni en belleza, ni en originalidad con las alabanzas ya publicadas sobre el héroe del monopatín.

Aún así, cada día desde que se confirma su muerte y durante esos minutos en los que se decide el contenido de la columna siguiente, el nombre de Ignacio sobrevoló alrededor como la opción inexcusable del día, pero ¿qué decir de él que no estuviese ya negro sobre blanco?

Ayer fue su entierro en Las Rozas y al lado de los preparativos de los actos fúnebres, los lectores conocían la miserable reacción del alcalde de Ferrol, un tipo que dice llamarse Jorge Juan Suárez, que ha escatimado el reconocimiento de la ciudad a Ignacio, pese a haber nacido allí. En ese momento descubrí que faltaban, no una, sino miles de columnas por escribir sobre tan llorado muchacho.

Ignacio ha dado a Ferrol más lustre y prestigio internacional que el que Jorge Juan Suárez puede concebir en su corto y raquítico cerebro. Ignacio y él son dos polos opuestos que sirven para ilustrar la luz de la sabiduría y las penumbras más siniestras de la ignorancia humana.

Habla el alcalde de la poca vinculación que Ignacio ha podido tener en vida con Ferrol, y es en ese discurso mezquino, paleto e indigno, donde la autoridad municipal demuestra lo ancho que le queda el cargo que ocupa. Si hay muchos ferrolanos que piensan como él, aviados vamos para construir un futuro de paz y entendimiento.

¿Cuál es el mensaje oculto de este lamentable personaje? ¿Hay que aplaudir a los navajeros yihadistas? ¿Para ser ferrolano no basta con nacer allí? ¿Fuera de Podemos no hay salvación? ¿Nos fastidia el ejemplo individual frente a la masa aborregada? ¿Se puede llegar a una alcaldía siendo un auténtico desalmado? Quizá haya un poco de todo.

3 Comentarios a “Ignacio, ferrolano”

  1. Aureliano Buendía

    Hemos de concluir que la culpa de la muerte de este héroe fue, única y doblemente suya.

    En primer lugar, por estar en el momento equivocado en el lugar inadecuado: en el punto en que unos muchachos quisieron ejercer su particular lucha contra Occidente, que tiene todas las culpas, desde lo que ocurre en Oriente Medio, hasta la desaparición de los dinosaurios.

    Y, en segundo lugar, por meterse donde no le llamaban. ¿A quién se le ocurre, en estos tiempos que corren, ponerse a defender a una mujer a la que estaban apuñalando?. Porque ha muerto, el pobre, si no todavía tendría que enfrentarse a la justicia británica por golpear con el monopatín a un honrado asesino en el ejercicio de su profesión.

    Viendo ciertas reacciones, la conclusión es sencilla: nos merecemos todo lo que nos pase. Cuando una cultura ha alcanzado tal grado de podredumbre, no estoy muy seguro de que tenga derecho a seguir existiendo.

  2. VALENTI FAINÊ

    Lamentable amigo muy lamentable , alcaldes como este a un quedan unos cuantos y solo pienso cuando de una puñetera vez la población en general los llamados Españoles, se dará cuenta que mientras se dejen mangonear por personajes de esta calaña, nunca seremos nada como dijo el muerto de los valles caídos atado y vien atado vergüenza y mientras lo permitamos mas sinvergüenzas.

  3. rois luaces

    A un joven amigo que ni siquiera nació en Lugo pero es gallego de estirpe y vocación, le negaron una vez su condición porque no “sabía gallego”. Esos que se creen la “”lingua”" en bote y que le dan lecciones a las pulpeiras de como limpiar los polvos, sin duda están entusiasmados con el pontés y ferrolano madrileño de Las Rozas avecindado en Londón que se comportó como un hombre, nada menos. (A mí no me gusta nada lo de reducirlo a su monopatín, como si ahí estuviera la gracia). Están de acuerdo con esa selección que se dedica a corretear por el campo como bebés mientras sus contrincantes honran a nuestro héroe porque “honrar a los muertos” no es tradición islámica ¡no te amuela! es mucho más de su tradición desde luego empipar de hachís a los esbirros para que (h)asesinen con entusiasmo

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