La pecina

El Empecinado acaba entre rejas

A Juan Martín Díez no le llamaron El Empecinado por su tenaz y testaruda lucha en pro de la independencia. Fue al revés. A los testarudos se les llamó empecinados porque Juan Martín Díez lo había sido.

Su mote nada tiene que ver con su actitud, al menos hasta que él existe y lo impone. El mote viene de la pecina, que es un lodo negro y viscoso, propio del río Botijas, el que pasa por Castrillo del Duero, su lugar de nacimiento. Por tanto, todos sus habitantes son empecinados sin ser tercos.

Está didáctica reflexión etimológica rondaba mis pensamientos cuando conocía las últimas andanzas del presidente Puigdemont. Qué gran personaje se perdió el Jaimito. O presidente Puigdemont, uns pican e outros non.

Al pobre lo han metido en un callejón sin salida _ sin salida triunfal, me refiero _, y se ve obligado a hacer el ridículo día sí y día también, a la espera de que algún tonto útil como Carmena o Iglesias pique y se lo lleve a su cazuela. Y claro, solo se lleva a aquellos que entre mil opciones, siempre van a escoger la que más perjudique a los intereses generales.

Ese empecinamiento le lleva a cometer dos tipos de errores que saltan a la vista, tanto por parte del Estado como de la comunidad internacional. Unos son de tipo legal y por culpa de ellos aparece como golpista, extorsionador chantajista, delincuente y lo que haga falta. Le da igual. Él se pone la zanahoria de la independencia delante del hocico y tira millas como haría el mismísimo Martín Díez.

Los otros son burdas mentiras. El presidente miente más que habla. La última ha sido decir que la línea aérea Norwegian volaría entre Barcelona y Tokio de no ser por el veto del Estado.

Norwegian le ha contestado que eso es una manipulación de libro y el presidente se la ha tenido que envainar. Pero le da lo mismo. Él sigue erre que erre.

Un comentario a “La pecina”

  1. Aureliano Buendía

    La verdad, no sé en qué puede terminar esta escalada verbal entre el Gobierno (del Estado opresor) y la Generalitat de Catalunya.

    Puede que quede todo en nada, y que después de tanta presión venga un súbito desinflamiento, y tras él, una vuelta a una normalidad aceptable para todas las partes. Si así fuera, el episodio no pasará de ser una payasada más, de las muchas que en la Historia de España se han escrito.

    Pero también puede que la escalada continúe hasta un punto en que ya no pueda seguir siendo verbal. Ahí es donde no me gustaría que nos viésemos.

    Llegados a ese punto, ¿tendría el Gobierno lo que hay que tener para hacer lo que hay que hacer?. Francamente, no lo creo.

    Y, si los independentistas comparten mi opinión, si están seguros de su impunidad, terminarán ganando la batalla, aunque sea por incomparecencia del adversario.

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