Las cuentas macabras

Ariana Grande y su estúpido jueguecito

Es posible que a muchos de ustedes les repugne la idea, pero eso no evita que hoy, en alguna parte de este planeta, haya gente que esté haciendo una cuenta macabra en la que los muertos de Manchester se contabilizan dentro del Haber.

Sí, no restan, suman. Son valores positivos porque con ellos el balance entre el Islam y los occidentales es cada vez más favorable a los primeros. Es así de bestia, pero porque lo sea no deja de ser verdad.

No se trata de criminalizar a los refugiados. La mayoría de ellos ni siquiera saben el papel que están jugando en este baile de porcentajes.

Tampoco lo sabemos nosotros porque no queremos verlo, entretenidos como estamos con que si la moción de censura la presentas tú o la presento yo, sudoku miserable donde se cruzan todas las ambiciones para que sumen diez, aunque sea a martillazos.

Ariana Grande es una estrella juvenil y se garantiza que un alto porcentaje de sus seguidores no sobrepasen la veintena de años. En la cuenta macabra de quienes la realizan son bajas preciosas porque a todas se les supone larga vida por delante. Se ha refinado el objetivo de las muertes. Ya no son tan indiscriminadas.

A estas horas no se ha dado a conocer la lista de víctimas, pero apuesto a que su promedio de edad es muy bajo. Ojalá su temprana muerte sirva para abrir los ojos de tanto estúpido, de tanto enemigo en casa que prefiere no mirar antes de reconocer que nos están atacando.

Hay una zona en Manchester a la que ya se llama Curry Mile por su penetrante olor a cocina con esas especias. Allí viven cien mil musulmanes, una cifra que crece muy por encima de cómo lo hace entre los británicos occidentales. Tampoco ellos saben que ahora mismo forman parte de las cuentas que se hacen los imperialistas del Islam: “Atacad a la yugular del enemigo”.

Un comentario a “Las cuentas macabras”

  1. Aureliano Buendía

    ¡Cora, no me seas carca!.

    Hay que mantenerse dentro de lo políticamente correcto, y esos comentarios que haces, como de pasada, sobre los superpoblados barrios musulmanes de algunas ciudades, tiene un tufo a xenofobia que no hay quien pueda con él.

    Lo correcto es condenar el atentado, que no cuesta nada, y a continuación indicar que debemos mantener nuestra vida normal, precisamente para que los terroristas no consigan su objetivo.

    Dicho de otra forma: condenar la última atrocidad y esperar pacientemenet la próxima, cruzando los dedos para que no nos toque a nosotros. Esta es la cara que presenta Occidente frente a la amenaza islamista.

    ¡Huy! He metido la pata sin darme cuenta. No puede hablarse de “amenaza islamista”, que también es xenofobia tal expresión. Se puede llamarles “monstruos” o “terroristas” pero no islamistas. El hecho de que pertenezcan a una religión determinada y asesinen en su nombre no es más que una mera coincidencia.

    La religión musulmana no tiene nada que ver con los atentados, ¡faltaría más!.

    No me extraña que los dentistas se hagan ricos, en un mundo donde la inmensa mayoría de la gente desayuna comulgando un par de ruedas de molino, dispensadas por la prensa progre.

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