Logos

Mal hacen los astrónomos y astrofísicos al sentirse ofendidos cuando _ dicen _, se les confunde con astrólogos y charlatanes, porque si alguien hubo con conocimientos del espacio, los cuerpos celestes, la repetición de sus frecuencias y su interacción con la Tierra, fueron aquellos hombres de hace miles de años que por llamarse en consonancia con su actividad unieron logos, que es el discurso que da razón a las cosas, y astros, que eran los objetos de su estudio.
Fueron ellos, y no otros posteriores, los que establecieron el mapa del universo y la presencia de cuerpos que ni siquiera alcanzaban a ver, como las lunas de Sirio; constituyendo así un misterio que hoy no nos está permitido conocer porque la ciencia ha desterrado de su mesa de operaciones todo lo que no vea el ojo humano, y claro, el ojo humano tiene un campo muy limitado.
Cierto es que el concepto encerrado en la denominación de astrólogo cayó en manos de personas sin escrúpulos que trataron de convertirlo en un medio de vida fácil y sin excesivas responsabilidades, engañando al respetable y charloteando a sus anchas, como aún hoy se observa en abundancia. Pero no por existir el falsario se ha de renegar del original. Y por eso, cuando esta semana los astrónomos se han levantado de las patas de atrás al comprobar que una publicación los confundía, por error o por inocencia, con los astrólogos, lo único que han demostrado es una ignorancia supina sobre su profesión, sobre la historia y sobre el hombre.
A corporativismos y memeces semejantes estamos acostumbrados desde concedemos más importancia a los títulos que al conocimiento, y casos como el presente ni siquiera llaman la atención. Lo que pasa es que siendo precisamente los encargados de lanzar el ojo humano hacia las mayores distancias siderales, se podría esperar de ellos mayor altura de miras; pero no, han demostrado ser tan pedestres como los falsos astrólogos.

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