Marta tiene unos misales


La madre superiora, y tan superiora

Recordemos la textualidad del mensaje: “Soy la madre superiora de la Congregación. Desearía traspasar dos misales de mi biblioteca a la del capellán. Él le dirá dónde los debe colocar”.

¿En qué cabeza de chorlito cabe que la firmante de esta carta sea realmente una monja, que los misales no sean millones de pesetas y que al hablar de colocarlos, no se refiera a la segunda acepción del verbo colocar, que según el DRAE es “invertir dinero”?

Es el lenguaje críptico menos críptico que imaginarse pueda. Ahora que estoy tan enfrascado con los Garbo, me imagino al otro Pujol, a Pujol el Bueno, escribiendo a los alemanes un mensaje tan oculto como el de Marta Ferrusola: “Soy el socorrista de Omaha. En las playas de Normandía se espera la llegada de 452.000 bañistas. Irán temprano para coger sitio. Como piensan quedarse, llevarán la merienda. Firmado: Iker Eisenjaguer Jiménez”.

La madre superiora de semejante convoluto no se estruja las meninges para camuflar el mensaje. No le hace falta. Se lo toma a broma, como si sacar de España el dinero a paletadas fuese una gracia desopilante para partirse la caja mientras tomas el té con las amigas. “Pues sí, chicas; España nos roba, pero mientras yo pueda andar con los misales de arriba para abajo, me la ferrusola”.

A doña Marta la tenemos enfilada desde hace tiempo. Mucho antes de comenzar todas estas andanzas de los misales y los correconventos. A los archivos me remito, pero si tuviese que dar una explicación a la ojeriza, solo podría decir que desconfiaba de esa madre porque le olía la mirada. Es posible que con ese criterio se establezcan opiniones injustas, pero la mayoría de las veces las clavas con un solo cruce de miradas, y en este caso los hechos demuestran día a día que a doña Marta no solo le olía la mirada, sino que también le cantaba el ala.

2 Comentarios a “Marta tiene unos misales”

  1. Aureliano Buendía

    Pues yo creo que nos estamos pasando con estos encantadores viejitos, don Jordi y doña Marta.

    Al fin y al cabo, ¿qué han hecho?. Se han llevado unos eurillos (70 millones de nada, en las estimaciones más conservadoras) a cambio de dedicar toda la vida a la causa. Un hombre puede sacrificarse, pero también tiene derecho a ser compensado por ello, aunque sea modestamente.

    Y doña Marta, pobrecilla, no hizo más que invertir en beneficio de sus hijos, como haría cualquier madre, el magro beneficio económico que daba la cosa pública.

    Más pronto que tarde, veremos el Estat Catalá en todo su esplendor, y entonces se hará justicia a esta pobre gente.

    La Diagonal de Barcelona, se llamará “Avinguda de Jordi Pujol”, y la Meridiana “Passeig del tres -o cuatro- per cent”. Sólo alguien sin corazón puede decir que lo que han hecho es robar. ¡Ellos recaudaban para la causa, y algunas migajas quedaron en sus bolsillos!.

  2. rois luaces

    Cuesta creer que no sea realmente un montaje, de chocante que es. Del árbol caído todos hacen leña

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