Leña a Xan

No siempre hizo de sereno gallego

Xan das Bolas, Juan de las Mentiras, o Fernando Tomás Ares Pena, fue célebre hasta la extenuación, y lo sigue siendo a su pesar porque la polémica que arrastra su papel de gallego no acaba con la muerte del actor y resurge de vez en cuando.

Salvador Lorenzana critica la “triste vulgaridad con la que pretende ridiculizarnos”, mientras que otros lo defienden a capa y espada, en el entendimiento de que atacar a Xan es atacar a Galicia, o a lo gallego.

Y el actor, en el medio, recibiéndolas de todos lados. En 1948 se las dieron físicamente en Pontevedra y en Lugo. Como quizás se hayan olvidado, las recordamos.

Rueda Botón de ancla en Marín y se aloja en las propias instalaciones militares. Una noche se va de copas con unos amigos a Pontevedra y cuando vuelve, pasadas las tres, supera sin problemas el primer control, pero camino del dormitorio, bajo una lluvia de calderos, otro soldado de guardia le da el alto. No sabe qué responder. Se le ocurre apelar al oficio y dice: “¡Del cine!”

El soldado razona: “¡Del cine no puede venir nadie a estas horas! ¡Cuerpo a tierra!” Y Xan se arroja al charco que tiene delante.

La de Lugo es incluso más directa. Actúa en un Gran Teatro a rebosar. Las luces se apagan y el público espera que suba el telón para que aparezca Xan, pero nada de eso sucede. Por el contrario, del hall emerge hacia el pasillo central de butacas un hombre que barbariza contra la taquillera y el precio de la entrada.

_ Nin que deran marisco no descanso! Que roubo!

Tras él, el guardia de servicio en el teatro intenta reconducir al esbardallante. No lo consigue y opta por darle un sonoro bofetón a palma abierta.

Naturalmente, aquella entrada es el inicio del espectáculo, pero Xan das Bolas se lleva en el rostro los cinco dedos del gris, que no estaba avisado.

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