El pato chino (y III)

Fiestas en La Bombilla

A base de cafeína y aceite alcanforado los ciento treinta intoxicados en la Casa de Juan recuperan poco a poco la estabilidad perdida, aunque nadie olvidará aquellas horas vividas como en una moderna película de terror colectivo.

Cuando ya han pasado tres días y parece que el episodio se puede saldar sin víctimas mortales, la familia del lucense Antonio Fernández Niño, de 58 años, da aviso de que su estado empeora. Es atendido pero a las pocas horas fallece. Antonio se convierte así en la única víctima de aquel episodio que hace tambalear el negocio de los dancing de La Bombilla.

Se culpa al huevo, o la leche con la que elabora el helado. Fue un madrileño 2 de agosto y los comensales, en vez de llegar a la una, comenzaron el banquete a las tres, lo que produce un deterioro de la albúmina. Eso se dice.

Casa de Juan resistirá una década más hasta que desaparece antes de la guerra.

La prensa aprovecha para atacar esa peculiar forma de ser que tenemos los españoles respecto a las normas de prevención higiénica. Recuerda que si el porcentaje de muertes achacables a la falta de higiene en Europa es del 13 por mil, en la España de años veinte lo subimos al 23 por mil.

Y a la hora de señalar los culpables de la muerte de Antonio y la intoxicación del resto, se apunta a las llamadas yemas artificiales utilizadas en pastelería.

Algunos médicos dirán por este motivo que no son artificiales, sino huevos de pato chino que en gran cantidad llegan en latas y cuñetes al puerto de Barcelona desde los de Hong Kong o Shangai, después de una travesía en condiciones dudosas, con retrasos que no se controlan y temperaturas que no se imaginan.

La lectura del informe sobre las condiciones sanitarias de los huevos de pato chino tuvo que quitar las ganas de tomar helado a los madrileños el resto del verano.

Un comentario a “El pato chino (y III)”

  1. Españolito de a pie.

    Ala, se le echa la culpa al chino y todo resuelto.
    Años despues la culpa sería siempre o de “la pertinaz sequia” o de “la conspiracion judeo masonica”.

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