La Casa de Juan (I)

Bebedores de sidra en Casa de Juan

En las primeras décadas del XX trabajan a destajo en Madrid unos establecimientos conocidos como dancings o te-dansant, en los que se combinan los conceptos de terraza, jardín, sidra, restaurante, atracciones, cafetería, espectáculo, baile, bodas, banquetes, homenajes…

Una buena parte de ellos están concentrados en el parque de la Bombilla, la Bombi, así llamado porque en su momento fue el punto final de los tranvías y para que diesen la vuelta, se habían trazado unas vías en redondo con forma de bombilla.

Allí se concentran la Casa de Juan, el Niza, La Huerta, Dancing Bombilla, Campo de Recreo, Los Cipreses, o El Parral. Reminiscencia de todo aquello es la famosa Casa Mingo, con sus pollos y su sidra en el Paseo de la Florida, que ya existía en esos tiempos de los dancings en la Bombilla.

De entre todos, la Casa de Juan goza de un aprecio especial para celebrar bodas y homenajes, pues sus estupendos menús oscilan entre las cinco pesetas iniciales y las 10,50. Allí acude Galdós para rendir homenaje al fundador de El País, Antonio Catena; allí debuta Pepe Marchena, allí cantan las Gemelitas y allí es frecuente ver cómo se contonean las estrellas de la incipiente industria del cine.

Tal como escribe Álvaro Retana, presentar Casa de Juan a los madrileños es como presentarles el Manzanares. El propietario de tan magnífico negocio es César Jurado y entre sus reputados cocineros se encuentran José Caparrós y José María González Guitián.

Pero todo va a cambiar el jueves 2 de agosto de 1923. Para el mediodía de esa fecha se ha contratado la Casa de Juan con el fin de celebrar los banquetes de dos bodas. En una de ellas se espera la presencia de 140 invitados y en la otra serán menos de la mitad, 60.

Tras la comida habrá baile y diversión garantizada porque están en el local indicado para ello, pero…

Comenta