De cómo recibir un tesoro

Nada de alegrías

En la crónica de O Grove debe figurar el día 18 de marzo de 1914 como la fecha en que allí es descubierto un tesoro, pero también el momento en el que se imparte una lección básica relacionada con estos hallazgos.

Un joven criado manipula un barril en una vieja casa del barrio de Hospital, cuando las maderas carcomidas del cuchitril ceden a la presión, se pulverizan y tras ellas dejan ver una arpillera que esconde suficientes monedas de oro como para aviar a dos generaciones de haraganes.

Corre el chaval entusiasmado para dar noticia del bombazo a las dueñas de la casa, madre e hija, y cuando apenas termina su relato, la mayor de ellas _ madre por tanto en el conjunto _, le contesta sin inmutarse:

_Pois si que ten! Ben sabiamos nós onde tiñamos gardado o tesouro! Vaites, vaites.

Ésa es una eficaz manera de reaccionar en estos casos para no dar ni una propina a quien ha conseguido el Ábrete Sésamo.

Posiblemente la señora es discípula de aquella otra viuda de Fingoi, que el 5 de febrero de 1909 contrata a un obrero para realizar ciertos arreglos en su casa de ese barrio lucense tras pasar el luto de su difunto marido.

Cuando el operario realiza los primeros golpes para demoler un muro interior que es el objetivo de la señora, comienza a caer sobre él una lluvia de monedas áureas y el hombre cree estar, no en Fingoi, sino en los exactos aposentos del rey Midas.

Avisada la viuda, acude ésta al lugar con cara de indiferencia, no exenta de cierto disgusto, como diciendo, mire usted cómo me ha puesto todo esto perdido de oro. Y eso sí, le agradece al obrero su rasgo de honradez. No obstante, le dice al hombre, lo mejor es que se tome libre el resto de la jornada y así ella tendrá tiempo de recoger toda esta trangallada que nos ha caído del muro. Mañana será otro día para seguir obrando.

Comenta