El oro de Carlos IV

Banco de España

Las monedas de oro aparecidas en el futuro Banco de España arman mucho revuelo por todo Lugo y cada cual extrae sus conclusiones.

La más seria y fundamentada es la de colegir que ha llegado el momento de afrontar con brío la construcción del Museo de la Historia que albergue las muchas maravillas que atesora el subsuelo lucense… hasta que son descubiertas y se esfuman.

El Museo es una necesidad como el comer, máxime ahora que el padre Fita Colomé, el epigrafista de más renombre en España entera, ha solicitado a la ciudad el envío de una fotografía del acróstico de Odoario que existe en la catedral para compararlo con otro que está estudiando en Oviedo. ¿Es o no es nivel?

Nunca se concreta qué es lo que aparece en Castelar, o por decirlo en clave realista, qué es lo que desaparece. Para la historia queda que son cuatro monedas de oro, valoradas cada una en 200 pesetas, y un tarro de barro conteniendo un montón, que a ver cómo se valora eso.

Las vendidas, s.e.u.o., no se recuperan y el impacto se mitiga hasta que en junio del propio año de 1901 se reaviva la fiebre del oro cuando toda la ciudad comenta el hallazgo de botes metálicos llenos de monedas herrumbrosas que un hombre realiza en su finca y que ordena tirar por no darles ningún valor.

¡Pedazo de animal!¡Pudo tirar con ellos el futuro de sus hijos y el de la ciudad que le vio nacer! En otros lugares sí que saben apreciar los frutos numismáticos, como le pasa a Margarita, la criada del cura Alonso, párroco de San Miguel de Cabanas, en A Baña, y ciego de solemnidad. Ella y un muchacho de 14 que le ayuda encuentran debajo de una losa de la cuadra hasta diez botes de ésos, repletos de monedas de Carlos IV que se calcula valorados en más de 40.000 duros. Lástima que un vecino de Páramos les diga que son medallas de San Andrés y se quede con 26 de ellas por 18 reales.

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