El oro de la abuela

Moneda de la época de la abuela de Carlos V, María de Valois

Se procede a mover unas piedras en la capilla de la Casa Grande de Castrelo, en Castro de Carballedo, cuando de repente aparece un tesorillo de monedas de oro de la época de Carlos V, y un poco después, treinta y tres kilos de oro en lingotes, cantidad suficiente para superar el millón de euros al actual precio de la onza y sin contar el valor de las monedas.

Este descubrimiento se produce en 1960, aunque no trasciende nada de él hasta 1962 y con cuatro datos apenas hilvanados.

Quien más lo airea, por su vinculación con la Casa Grande, es José Vázquez González, corresponsal en Chantada de El Pueblo Gallego, que hace mención del tesoro a lo largo de tres días de los meses de mayo y junio de aquel año.

Lo más interesante de la información que ofrece José es la mención a su abuela, Asunción García de Castro, testigo de las últimas épocas de esplendor de la casa. Esta buena señora les repetía a sus nietos como si se tratase de un juego: “A ver si lográis el hallazgo de los tesoros escondidos en Castrelo”. Frase que en los niños suena a chochez de señora mayor, o a propuesta absurda para desparramarlos toda la tarde en juegos infantiles.

Hay que imaginar la cara de pasmo que se le queda a José Vázquez cuando se entera de que efectivamente, su abuela no hablaba de quimeras imposibles, sino de un tesoro contante y sonante, que con toda probabilidad ella misma no habría visto en su vida, salvo a través de ese eco lejano de un rumor transmitido en sordina de generación en generación, pues de lo contrario la mujer sabría dónde estaba escondido.

En una narración legendaria del hallazgo se habla de mendigos y excrementos de burro convertidos en oro. Tan oscuro como su pasado va a ser su futuro, ya que del oro nunca más se supo. Queremos decir, para ser contado.

Un comentario a “El oro de la abuela”

  1. Españolito de a pie.

    Jejejeje,
    En Castro de Carballedo se conocieron mis padres y no sabía nada de esta historia de tesoros escondidos.
    Mi padre estaba allí destinado en funciones del antigüo Abastos que decía gestionaba las cartillas de racionamiento.
    Y mi madre (de Taboada) estaba de visita a un hermano suyo que era parroco en ese pueblo, allí se conocieron.
    No se si ellos se llegaron a enterar del tesoro, .
    Años despues ya casados terminaron en Lugo, de donde a mi padre si le tengo oido lo de la “pasteleria Madarro” que murieron varias personas por consumo de pasteles en mal estado o contaminados. Es una historia de hace muchos años y se que se dice el pecado pero no el pecador pero me imagino que a estas alturas ya es historia. Triste pero historia.

Comenta