El barco de Marconi

Diversos salones del Mafalda

El trasatlántico Principessa Mafalda, donde viajan a América Julia la quiroguesa y Petra la madrileña, tiene una dilatada historia, tanto que ésta va a ser su última singladura, antes de ser vendido a una compañía australiana para que solo haga recorridos costeros, sin alejarse mucho de tierra.

En su hoja de servicios figura haber sido el barco desde el que Marconi realiza los definitivos experimentos radiofónicos antes de recibir el Nobel, pero ahora hay dudas sobre si debe zarpar, cruzar el Atlántico 90 veces y retirarse, o retirarse en la 89 travesía. Finalmente se decide que el 11 de octubre de 1927 parta de Génova hacia Barcelona.

El Mafalda homenajea a la princesa homónima de Saboya, hoy de triste recuerdo, y entre sus timbres de gloria figura el de hacer la travesía más rápida entre los dos continentes, catorce días.

En Barcelona subirán emocionadas Julia y Petra, dos de sus 838 pasajeros de tercera clase, muchos de los cuales realizan la travesía como “golondrinas”, así llamados a los que acuden en época de recolección y vuelven con las ganancias. Recolectores temporeros como los que hoy toman parte en diferentes cosechas, pero en su caso, a gran distancia. Lo dicho, golondrinas.

Julia y Petra, no. Ellas quieren establecerse y regresar solo cuando puedan hacerlo como esos 62 pasajeros que ocupan los lujosos camarotes de primera clase, o por lo menos, en unos de segunda, donde ahora se han instalado con comodidad otros 83. Sumados todos ellos a los 288 tripulantes, el Mafalda transporta una pequeña ciudad de 1.271 habitantes.

La travesía se inicia con inquietantes señales. Una bomba falla antes de llegar a Barcelona y también lo hace el motor de babor antes de ver Gibraltar. Los pasajeros de popa viven en un constante temblor que les ocasiona mareos y cefaleas. Es el anuncio de la tragedia.

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