Valle representado

Éstos son los Magos de Madrid ese 5 de enero de 1936

A la misma hora en que Valle-Inclán se despide de su divina comedia, el 5 de enero de 1936, una mujer con trazas y actitudes que bien podría llevar al teatro como intérprete de alguna de sus obras, se mueve inquieta por los puestos de juguetes instalados en la madrileña calle de Fuencarral.

La prensa dice que entre las jugueterías y esta feria, Madrid se gasta estos días dos millones de pesetas en regalos para los niños, pero la mujer a la que nos referimos no da muestras de interesarse por ningún muñeco, sino todo lo contrario. Pretende deshacerse del niño que lleva de la mano.

Es su hijo, tiene unos tres años y divide su atención entre los colorines de los juguetes y los movimientos de su madre. Hay un caballo de cartón, lo mira, se suelta y su madre ya no está a su lado. Se asusta, corre y entre sollozos la localiza un poco más allá.

Algunas personas se dan cuenta y ahora los vigilan. Es Adela Fernández Varela, nacida en Lugo hace 26 años, casada con un funcionario de Correos destinado en Andalucía, y recién llegada a Madrid desde la ciudad gallega. Aquí se ha instalado en una pensión de la calle Atocha y ahora trata de abandonar a su hijo.

Lo vuelve a hacer. Ahora le deja en el bolsillo un billete de 50 pesetas y escapa hacia Valverde. Los feriantes atentos se han percatado de la maniobra y la persiguen con el niño en brazos. Adela rompe el tacón de su zapato izquierdo antes de caer de bruces en Corredera. Dos hombres dan cuenta de ella a los agentes de Seguridad. Todos insultan a esta mujer que quería para los suyos el más triste de los regalos navideños.

Pero Adela no rige ya en su cabeza. Ramón Colado, el dueño de la pensión de Atocha, la está denunciando porque en su fonda ha dejado tirado otro niño de meses.

Los tres son enviados a la Dirección General de Seguridad y al día siguiente los periódicos abren con la muerte de Valle.

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