El becerro de Cuntis

Un Don Tancredo

Este Enrique Pérez Fontán, hijo de Clara Fontán García Caamaño, oficial del Gobierno Civil y salvador de maestros acosados por los lobos, tenía que ser un tipo realmente peculiar, uno de esos personajes que en ciudades como Lugo o Pontevedra protagonizan durante su época de vigencia todas las anécdotas y las historias chuscas.

De él hemos rescatado otro de sus momentos culminantes. Ocurre el 17 de agosto de 1914 en Cuntis, cuando vecinos, agüistas y veraneantes se disponen a inaugurar una especie de plaza de toros con una becerrada.

Habiendo animales peligrosos en liza, allá que se presenta Enrique a pecho descubierto. Para la solemne inauguración del circo taurino se utilizan “tres hermosos chotos de Barbanza”. La máxima autoridad presente es el alcalde estradense Jesús Durán Taboada, tío de otro Jesús Durán Martínez que también será alcalde cuarenta años después.

El caso es que Manuel Escudero, Barquerito padre, y su estrafalaria cuadrilla hacen lo que pueden para entretener a ese coso repleto de gente, con señoritas recubiertas de mantillas, banda de música, respetable y todos los requisitos cumplidos para un acto así… menos el de la tauromaquia.

Cómo sería la tarde de birriosa que Enrique Pérez Fontán, oficial del Gobierno Civil de Pontevedra, o a punto de serlo, no duda en arrojarse al coso y ponerse a hacer el tonto sin que ninguna autoridad se lo impida o recrimine, sino más bien lo aplauda.

Dice el cronista del acto que Enrique da un salto de tigre _ más animales peligrosos _, y se encamina hacia el becerro, pero éste que lo ve, se encoge de miedo y escapa. Fontán discurre. Ve un cajón y se sube a él para hacer el Don Tancredo. Risas en los tendidos. Quiere torearlo, pero el bicho ve entreabierto el toril y huye de la plaza como alma que lleva el diablo.

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