El maestro de Brollón

Un maestro a la plancha

Pérez Fontán y sus amigos observan la escena. Seis o siete lobos rodean un árbol en el que parece estar subido un hombre que así se resguarda de sus dentelladas.

“Allá voy”. “Es una locura!” “Sé defenderme”. Éstas o parecidas frases se cruza Fontán con sus amigos en medio de la nada de Pobra de Trives aquel enero de 1930.

Fontán desciende, abre el capó del automóvil y extrae de él una escopeta con la que al parecer viaja “por si acaso”. Se acerca al lugar de la escena y hace los dos primeros disparos sin necesidad de alcanzar a ningún animal.

Los lobos no cuentan con un enemigo tan poderoso y huyen sin plantar cara. Ahora bajan también los amigos y entre todos ayudan al hombre a poner pie en tierra, todavía temeroso de que regresen de la lobera.

Se identifica como Manuel Sastre, maestro de A Pobra do Brollón, en Lugo. En mal momento emprende un viaje a pie por aquellos solitarios andurriales _ posiblemente, entre su destino lucense y Trives _, cuando se ve rodeado por las fieras.

Pese a que dejará la docencia dos años después, Manuel mantiene la agilidad suficiente para encaramarse al árbol y salvar así el pellejo, pero tras cuatro horas sobre la rama está a punto de desfallecer de hambre y frío, que es lo que el jefe de la manada espera. Su agradecimiento a aquellos turistas armados será infinito.

Pero cuando preparan su asiento en el coche, son acosados de nuevo por los lobos. Fontán dispara y logran salir de allí sin mayores percances.

Llevan a Sastre hasta Brollón, para seguir luego la etapa final del viaje, a Pontevedra. Por comentarios de uno de los viajeros, el percance llega a conocimiento de un periodista que publica una breve nota. De ella se hace eco el Heraldo de Madrid del 21 de marzo, y de ahí, al Boletín de Agricultura.

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