De benevolencia

Manuel del Palacio

Llueven sentencias a discreción como si estuviesen apelotonadas en la salida a la espera de un empujón.

Los mal pensados, que siempre los hay, creen que no es casual y que las instancias judiciales se han coordinado para comunicarlas a la vez. ¿Para qué? Bueno, esos mal pensados dirán que se trata de una operación de despiste, parecida al de aquel comprador de prensa que pedía al kiosquero…

_Me va a dar El Progreso, Cuadernos para el Diálogo, El Faro Astorgano, el Frankfurter Allgemeine Zeitung… y me voy a llevar también el Playboy.

La estrategia estaba clara. Había que enmascarar el conejito entre mucha zanahoria.

Dicen que también pasa en las farmacias cuando un cliente empieza a pedir pasta de dientes, analgésicos, tiritas y al final añade, como quien no quiere la cosa, preservativos. Bueno, eso era antes.

Que conste que no creemos que se hayan acumulado sentencias, ni se nos alcanza ver qué beneficios se consiguen, salvo para la propia justicia, en el sentido de demostrar una agilidad tantas veces puesta en entredicho.

Lo cierto es que la gente las ve, las comenta y las compara. Tantos años al pederasta, tantos a Rato, tantos al cuñado, tantos a Pujol… ¡Ah! No. A Pujol, ninguno. Acabas por hacerte un lío. Ya no sabes si Blesa proporcionaba negros de contrabando a la Gürtel, o si el Bigotes le pagó la boda a la infanta.

Hace un siglo los tribunales gallegos, tenían fama de ser los más flojos de España, vamos, los más benévolos. Cómo sería que el poeta satírico leridano Manuel del Palacio, que vivió por aquí algunos años, escribe: “Si quieres hacer un crimen / y que un jurado te absuelva / coges el tren de Galicia / y te vas a Pontevedra”.

Era cierto. Absolvíamos crímenes que en Zamora llevaban garrote. Y todo por unos metros.

Un comentario a “De benevolencia”

  1. Españolito de a pie.

    He, he, que eso del playboy era muy caro y no salian solo titis, no hacia falta tampoco comprar toda la prensa habida y por haber para disimular.

    La solucion, ir a un kiosko o libreria alejada de donde vivias y no te conocian y comprar “el producto en cuestion”, taparlo debajo de la cazadora o buscar una página neutra dentro de la revista, y darle la vuelta para que no se viese la portada y asi nadie sabia que llevabas.

    Lo de ir a un kiosko alejado era para que no fuese a ser que tu madre o padre se enterase por comentarios del librero de algo como.
    Su hijo se llevo días (u horas) atras un Lib.

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