La parte contratante

Mucho papel por cortar

Escuchamos decir que el Gobierno español mantiene conversaciones secretas con Cataluña y hasta suena bien; perverso, pero bien.

A tal extremo se ha llevado la burla legal, que admitimos como normalidad democrática la existencia de conversaciones de partes de la misma parte sin luz ni taquígrafos.

Bueno, algunos ni eso. Recordemos la escena de Chico y Groucho en “Una noche en la ópera” y comprobemos que la segunda parte contratante de la primera parte, es decir, el gobierno catalán, lo niega.

Es curioso. Quien nos lo cuenta, el delegado del Gobierno en Cataluña, afirma que esas conversaciones son constantes, pero añade que no se hacen públicas “para que las cosas se puedan hablar con la serenidad que requieren, ya que hacerlas públicas lo dificulta”.

Pero, hombre de Dios, ¡si las está usted haciendo públicas en el mismo instante en que lo dice! Esto es como el silencio, que solo con pronunciar su nombre se rompe. O como los romances secretos del famoseo: “Estamos saliendo juntos, pero hemos acordado no decir nada a la prensa”.

Oído cocina. Hay conversaciones y son secretas, pero ya estamos enterados. O lo que es lo mismo, Puigdemont se cabrea, porque si las dos partes quedan para verse, se hablará de cualquier cosa, menos del referéndum y de cómo conseguirlo. Eso esperamos.

En todo este galimatías, el optimista ve buenas noticias. La parte contratante de la segunda parte ha arrancado unas líneas de su pliego de condiciones y encara otras cláusulas del contrato.

Si esto es así, estamos obligados a pensar que la parte contratante de la primera parte está dispuesta a eliminar otras cuantas líneas del contrato que le favorecen. Y ya saben cómo terminan la negociación Chico y Groucho. Sin apenas papel en las manos.

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