La legítima ilegal


Si me quiten la legítima recuerda que somos colegas ¡eh!

Cuando Navarra legisla sobre la legítima, hace ya un puñado de años, se produce un sorprendente efecto llamada, consistente en acercarse a esas tierras, empadronarse, o hacer lo que exijan, para tener derecho a un testamento de acuerdo con los nuevos criterios.

¿Y cuáles eran ésos? No es éste lugar para dar detalles, pero básicamente se trata de eliminar la obligatoriedad de la legítima, o sea, dejar a uno o varios hijos sin el porcentaje de la herencia legítima, como se establecía en el resto del territorio nacional.

Si me lee alguno de mis vástagos, no piense que estoy en esas maquinaciones. Es puro interés profesional.

Tres razones fundamentales habían llevado al legislador navarro _ ¿o era el vasco? _, a modificar la legítima. La droga, el juego y la falta de idoneidad para recibir según qué bienes. Las dos primeras causas se explican por si solas. Piensa el padre de algún descendiente atrapado en esas circunstancias que cualquier bien en contacto con esas adiciones se derrite en semanas o meses, según sea el caudal a heredar.

La tercera es más compleja, pero se entiende en caso de empresas o unidades de negocio que se transmiten.

Ahora resulta que ya no es solo Navarra, donde la legítima permanece solo como una obligación simbólica, sino que otras autonomías, entre ellas Galicia, se han dispuesto por este camino, porque además de las razones anteriores, se ajusta a lo que dice el Reglamento Europeo de Sucesiones.

Total, que se pone la cosa chunga para gorrones de segunda generación y aunque de todo hay por delante, a los espíritus liberales, a los que odian que el Estado marque uno por uno todos sus pasos en la vida, este tipo de medidas les debe complacer por entero. Y por otra parte, al que testa siempre le queda la posibilidad de otorgar la justísima, que es lo que a él le dé la gana.

Un comentario a “La legítima ilegal”

  1. Aureliano Buendía

    Pues estoy de acuerdo con estas novedades. La herencia, para quien su propietario diga.

    Tal vez, una parte vinculada a los descendientes, si son discapacitados o no pueden valerse por sí mismos. Pero, aparte de esos casos extremos, ¡nada de legítimas ni legítimos!.

    Como bien dice Cora: la justísima. Que el testador se lo deje a quien le salga de los altramuces.

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