Travesuras de San Valentín

Amistad con derecho a roce

Ha sido un San Valentín horribilis en casa Tarradellas. Bueno, para ser exactos, en la de Puigdemont, en la de Colau y en la de Forcadell.

Todo empezó con uno de esos mensajes víricos de wasap en el que se reclama a los catalanes un “desperta ferro” para sacudirse de encima la mentira independentista, sus mitos y manipulaciones. Parecía escrito por Boadella.

A mí me llegó a eso de las nueve y luego supe que circulaba a gran velocidad por todo el Estado, vamos, lo que es España.

A esa misma hora, más o menos, los catalanes se desayunaban con el titular de uno de sus periódicos, en el que venía a decir una vez más, pero de forma clara y rotunda, que el procés podía olvidarse de tener a Francia al lado, ya que es un asunto ilegal. Que dejen de llamar “a la porte, parce qu´ils, ne sont pas à la maison”.

Caliente todavía el café mañanero, circula ahora el vídeo del homenaje espontáneo que en el aeropuerto de Santiago de Chile le rinden los viajeros a los soldados españoles que participaron en la extinción de incendios. Igualito que la Colau, pero al revés. ¿Puede haber una autoridad más indigente que esa rapaza?

Faltaba por llegar la anulación de la convocatoria del referéndum por parte del Constitucional, advirtiendo sobre la consiguiente responsabilidad penal, y todavía no era la hora del almuerzo. Cuando llegó, los chats se pusieron a disparar contra los principales actores del drama.

_¿Qué? ¿Otra vez a echarle la culpa a los voluntarios?

Aquella era demasiada humillación. Menos mal que por la noche el Barça aliviaría las penas a los que creen que debe ser el club de la escisión.

Pero no, la jornada no estaba destinada a la gloria, ni París fue la ciudad luz. Cayeron 4 y más de uno se fue a la cama agradecido de que se acabase ya el puñetero día de los enamorados.

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