Churrovisión

Que os den morcilla

Parece un tema menor, pero solo porque al lado se elegían personas que tendrán mucha influencia a la hora de diseñar cómo va a ser nuestro futuro.

Determinar quién nos representa en Eurovisión también es importante porque es un acto que organiza la televisión pública, porque lo pagamos todos y porque al elegido le van a dar abundantes minutos de sobreexposición en las próximas semanas, poniéndolo al alcance de muchos niños, muchos mayores y muchos extranjeros.

Y todo para que diga cuatro tonterías, chirríe como una puerta y ocupe el puesto de otros muchos jóvenes que en España _ como en el resto de los países participantes _, están haciendo música de verdad.

Este año se ha hecho todo muy mal y a estas alturas el ridículo es inevitable. Gritos, insultos, sospechas de tongo, un niño maleducado, desprecio al público y hasta tortazos fuera de cámara. Si falta algo es porque no nos ha dado tiempo a recopilar la información.

Algunos dicen que deberían anular el proceso y volver a empezar. Es decir, que revoquen al elegido. ¿Para qué? ¿Para hacerlo peor la segunda vez?

Lo que sí debe ocurrir es que rueden cabezas _ un mínimo de dos o tres _, porque puestos a organizar asuntos de poca monta, se han lucido por completo.

Como a los cantantes, a sus familiares y a los representantes no se les va a prohibir que sigan intentando hacerse personas a través de los gorgoritos, aunque se lo merezcan, las cabezas indicadas para el rebaneo caen de la parte de la organización, o sea, de la televisión pública, llegando a la altura que se estime conveniente.

De lo contrario podríamos pensar que todo se ha hecho a la perfección y que es así como se educa a un país, a mamporros, insultos y cortes de manga. En otras palabras, que fomentamos el Brexit.

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