La moneda única

Está claro quién es Iglesias

Se ha explicado ya en numerosos foros y con claridad meridiana la importancia de Vistalegre. Allí ocurre lo que tantas veces en la vida y en la política; es decir, que se presenta como una profunda dicotomía nacional lo que en realidad no pasa de ser una lucha interna por la supervivencia, como Tom y Jerry, como el Coyote y el Correcaminos.

Prueba de ello es que cualquier encuestado _ es decir, aleatorio _, se las vería y desearía para establecer diferencias entre los dos principales candidatos, más allá de la longitud de sus cabellos, o del diámetro de sus bocas una vez abiertas.

Y no es que sean lo mismo, que escritas están sus características, sino que éstas no han trascendido porque todo se resuelve en un Pablo contra Íñigo y viceversa, como si fuera un Barça-Real Madrid. No hay argumentos, hay simpatías y con eso llega.

Para los candidatos, y sobre todo para sus cercanos, la confrontación puede suponer la sopa, el filete y el postre de los próximos lustros, y eso, amigo mío, es más grave que citar a Gramsci sin haberlo leído.

Monedero se desgañita en las redes a favor de Iglesias, porque si pierde estará obligado a rascarse los bolsillos en busca de la moneda única, la única que le quede.

Ante tal panorama adquiere fuerza y prestancia la sabiduría gallega de Carolina Bescansa, que lejos de posicionarse en uno u otro bando, sabiendo que en cualquier caso existe un 50 por ciento de posibilidades para el fracaso, opta por retirarse de la pugna, que tiempo habrá para volver al lado… del que gane.

No es que no se sepa si el gallego sube o baja las escaleras. ¡Qué tontería! Para eso basta echar un ojo. Lo que el gallego no sabe es quién las va subir o bajar, y por eso espera pacientemente a que ocurra.

Ya lo dice el refrán, el que tiene vista, está alegre, y el que no, a Vistalegre.

Un comentario a “La moneda única”

  1. Aureliano Buendía

    Lo jodido, con perdón, es que en el congreso (asamblea ciudadana, le dicen) de Podemos, se está ventilando buena parte del futuro político de este país, suponiendo que tuviera o tuviese alguno.

    No puede olvidarse que cinco millones y medio de españoles, que se dice pronto, han votado a este conglomerado neocomunista que es Podemos.

    Sobre la actuación de sus dirigentes y la profunda controversia “ideológica” que mantienen, ninguna sorpresa. Se trata, en su mayoría, de muchachos que, en lugar de estar arreglando el mundo con unas birras y unos canutos, como habían hecho toda su vida, se encuentran en un escaño del Congreso de los Diputados o en el sillón de una Alcaldía. Claro, el cambio es tan brutal que es normal que se produzcan disfunciones.

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