Lynch resucitado

La auténtica basura nunca es el lynchado

La diferencia entre Trump y Toledo no solo se mide a ras de tupé, sino que radica en su respectiva capacidad de actuación. El primero acaba de conseguir uno de los mayores niveles para realizar proyectos que concebir cabe en este mundo. Willy sigue con la capacidad que tenía, es decir, poca.

El presidente levanta un muro enorme para preservarse de gentuza. El actor no puede, pero justifica que se le rompa la cara a otro tipo de gentuza. Para ser precisos, recordaremos que a la chica agredida en Murcia la denomina “basura humana”, algo parecido.

Le acusa de cometer el mismo delito con el que es castigada, dar palizas. De ese modo resucita el viejo adagio que sentencia: Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, si bien con un pequeño retoque: Quien aporrea a un abusón, amnistía y botellón. Vamos, lo que se dice Lynch resucitado.

Durante muchos años el castellano conservo la i griega de este apellido y así escribíamos lynchar y lynchamiento, lo cual daba al término un barniz internacional que quizá no debía haber perdido para alejarnos lo máximo posible de lo que significa. La justicia por tu mano.

Yo no sé si la chica a la que sopapean solo lleva una banderita española en el ojal, o se trata de una lynchadora profesional de rojos, o lee Mi lucha a escondidas. Me da igual. En ninguno de los tres casos justifica que vengan los de la ideología opuesta y la lapiden a las puertas de un pub.

Y si eso ocurre porque la noche les confunde, lo que es inadmisible bajo ningún punto de vista es que alguien lo justifique una vez que la luz del día despeja las tinieblas.

Ya conocemos otras escaladas de violencia en la historia española que no quisiéramos ni mentar por ser tan trágicas como cercanas. No a Trump, pero también a Lynch y a Toledo.

Un comentario a “Lynch resucitado”

  1. Aureliano Buendía

    Mientras unos digamos “nada justifica la agresión”, y otros (el ilustre cómico Toledo, en este caso) digan “ni una agresión fascista sin respuesta”, estamos condenados a no entendernos.

    Por el momento, la situación es grave, aunque exageraríamos si dijéramos que estamos reviviendo los años 30 del pasado siglo. Esperemos no llegar a ello, porque ya sabemos cómo terminó aquella aventura.

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