¿Segunda vuelta?

El nuevo manifestante. Una mano en la pancarta y leyéndola por el móvil

Trump no tiene pasado político más allá de la campaña. Tampoco se puede decir que sea un desconocido, porque largó por esa boquita todo lo que quiso y más.

La suma de esa falta de pasado y de abundante presente sirven para calificarlo como el más grande outsider de los tiempos modernos; o dicho sin barbarismo, el verso suelto que los norteamericanos han elegido para su futuro inmediato.

Populista, nacionalista, proteccionista y machista. Ésas son algunas de las etiquetas que se le han colgado de momento. Los humanos lo hacemos siempre porque ayuda mucho a la conversación saber de qué nuevo animal se está hablando cuando aparece una nueva especie.

A la mayoría de españoles todo eso les ha gustado menos que una clausula suelo del 4, pero ha salido elegido en su sistema y si alguien cree que su voto vale el doble que el del vecino, que lo diga y se estudiará.

Me considero entre los que menos han disfrutado con las declaraciones de Trump, pero también digo que las manifestaciones del sábado me han dejado perplejo y anonadado. No sé si son malos perdedores que aceptan a regañadientes el resultado, o malísimos perdedores que no lo aceptan y mandan tirarse al monte tras la bandera enarbolada por la multimillonaria Madonna, reconvertida por mor de Trump en la heroína de Delacroix. No sé si repudian su sistema electoral o solo el resultado. Si marchan al paso alegre de la paz, o están más cabreados que una mona sin árbol del que colgarse.

Ha sido tan inédito y tan rápido que no ha dado tiempo a asimilarlo. Ellos mismos no parecían creérselo.

En las fotos de la manifestación de Washington hay muchas personas que consultan sus móviles, quizá por verse reflejadas en algún medio, pues no les bastaba saberse allí.

Un comentario a “¿Segunda vuelta?”

  1. Aureliano Buendía

    Es lo de siempre. La democracia está muy bien, siempre que el resultado me guste.

    Es un problema grave, y sin embargo, la solución es fácil. Bastaría con establecer un sistema electoral donde sólo pudieran votar los (autoproclamados) progresistas. Hay que privar al ciudadano de la posibilidad de equivocarse, sabido es. El que quita la ocasión, quita la tentación.

    Fíjense que si este sencillo sistema se hubiera aplicado con carácter previo a las elecciones gallegas del pasado mes de septiembre, tendríamos hoy un Parlamento decente, donde no hubiera ni uno de los 41 representantes del PP.

    Si ya lo dijo el (también autoproclamado) poeta Fernán Vello: “pobo escravo e ignorante”. Pues eso, que los norteamericanos también son esclavos e ignorantes, hasta tal extremo que votan lo que les da la gana. ¡Intolerable!.

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