La ciudad cobaya

Como diría Ramón, las torres de Florentino son las pajitas por las que respira Madrid bajo la niebla

Nadie va a poner en duda que se debe reducir la contaminación atmosférica, pero todos van a criticar que un día esté prohibido aparcar en el cinturón de la M30, que al siguiente tengan que quedarse en el garaje los coches con matrícula par y que a media mañana de ese mismo día no se sepa lo que ocurrirá el siguiente.

Ni es lógico, ni saludable. Es posible que el ciudadano obtenga así un aire más limpio, pero a cambio incrementa sobremanera sus posibilidades de acabar esquizofrénico perdido y roto de los nervios. Eso sin contar que tendrá esquilmado su bolsillo por los impuestos indirectos que le cobran a través del coche _ combustible, autopistas, aparcamiento, permisos _, y por las multas que estas restricciones favorecen y multiplican, porque una prohibición de matrícula par de la noche a la mañana va a pillar despistada a mucha gente, por muy madrileña que sea y por muchos medios de comunicación que tenga a su alrededor.

El pifostio berenjenalero en el que se ha zambullido Carmena y su equipo figurará en los manuales de la improvisación española, al lado de tantas y tantas medidas con las que esta gobernante del tres al cuarto salpica su mandato.

Ella, tan intelectual y tan leída, no sigue los sabios consejos de don Eugenio D´Ors cuando recomienda la gaseosa para los experimentos, antes de hacerlos con el champán.

Ni planifica, ni estudia, ni prueba, ni experimenta. Sencillamente, considera a los madrileños como sus particulares cobayas y los somete a las más duras condiciones, a ver qué pasa.

A saber lo que ocurre de ahora en adelante, pero hasta el día de hoy los capitalinos han demostrado una paciencia a prueba de incompetentes.

Se nota que a los protestones los tiene bien subvencionados y no pían.

2 Comentarios a “La ciudad cobaya”

  1. Aureliano Buendía

    Presto especial atención al último párrafo de la bitácora de hoy, porque me da la impresión de que el dedo se ha posado sobre la llaga, como quien no quiere la cosa.

    Si unas restricciones de tráfico semejantes (y más aplicadas con la desorientación y descoordinación que se ha visto) las llega a decretar Esperanza Aguirre, tenemos a toda la patulea progre montando la mundial en las calles de Madrid. El espacio de los vehículos sería ocupado por los manifestantes, debidamente organizados y aleccionados.

    Pero como el elemento protesta está adecuadamente controlado, vía subvención y compadreo (¿cómo vamos a protestar contra “los nuestros”), la Alcaldesa y su “competente” equipo pueden hacer lo que les dé la gana.

    Como digo, es lo único que me llama la atención de la bitácora de hoy.

    ¿Y las molestias que sufren los madrileños, que es el fondo de la cuestión?. Ahí, lamentándolo mucho, he de decir que los madrileños no me dan pena.

    La candidatura de Manuela Carmena no engañaba a nadie que no quisiera, previamente, ser engañado.

    Si la votaron, ahora hay que apechugar con las consecuencias. ¿Y los que no la votaron?. Ah, amigos, es la democracia; sólo tienen dos opciones: o joderse, o mudarse a Galapagar.

  2. Españolito de a pie.

    Era mejor que prohibiesen no los coches pares o impares sino a los hombres con barba y sin barba. Y a las mujeres solteras y casadas.

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