Anis Amri

La familia de Anis Amri presiente su final

Los periodistas de Sky News Arabia entrevistan a los familiares de Anis Amri, el sospechoso de haber perpetrado el atentado de Berlín que ayer fue abatido por la policía italiana en Milán.

La descripción que ofrecen sobre el personaje es el calcetín una vez dada la vuelta de lo que en Occidente se entiende, o entendía, como arquetipo de buena conducta.

Si hacemos una transcripción libre de las declaraciones a la emisora de su hermano Abdelkader Amri, nos encontraremos con estas palabras:

“Anis era una buena persona en Oulesatia (Túnez). No tenía ideas religiosas, ni rezaba cuando nosotros sí lo hacíamos. También bebía alcohol, salía de fiesta y escuchaba música pop. Es decir, una persona muy alejada del Islam. Y así entra en la cárcel de Sicilia después de marchar a Europa. Pero estando en ella se radicaliza y sale convertido en otra persona. Se pasa el día rezando y ya no bebe lo que antes”.

Es decir, toma el mal camino, interpretamos los lectores occidentales.

Los familiares de Anis apostillan: “Es inocente y si no lo es, no nos representa ni a nosotros ni a nuestra familia”. Al joven Anis _ que el día anterior a su muerte cumple 24 años _, le pasa lo que al maduro don Quijote, que de tantas lecturas sagradas, de tantas noches de claro en claro y de días de turbio en turbio en la prisión siciliana, se le seca el cerebro y da en radicalizarse, no para salvar princesas, pero sí para combatir gigantes lanzando camiones contra pacíficas familias que él ve convertidas en bandas de infieles.

Su breve paso por este mundo se contará como una obra de destrucción inútil y enloquecida. Él, que escuchaba música pop y se emborrachaba, se cruzó con malas compañías que lo llevaron a los rezos.

Anis ya es polvo de historia.

Un comentario a “Anis Amri”

  1. Aureliano Buendía

    No creo que haya religiones buenas y malas. El fenómeno religioso es algo que acompaña al hombre desde la época de las cavernas, y seguirá haciéndolo, no sé si hasta el fin de los tiempos, pero sí muchos años más. Ni el desarrollo científico o tecnológico ni las nuevas formas de pensamiento han conseguido, ni creo que lleguen a conseguir, dar respuesta al ansia del ser humano de trascender de este mundo material.

    Las religiones están, sin embargo, y como todo fenómeno social, sujetas a la evolución. No es lo mismo la Iglesia Católica de hoy que la del Siglo VIII. Y este es el gran problema del Islam, que no ha evolucionado. Continúa manteniendo los dogmas enunciados por Mahoma y sus seguidores inmediatos, hace 1400 años.

    Ello provoca un desfase entre la realidad pretendida y la habida que termina, forzosamente, en explosiones de violencia. Primeramente, en los países donde es la religión mayoritaria (no olvidemos que la inmensa mayoría de las víctimas de la yihad son musulmanes), y luego, a través de otros fenómenos como la globalización y los movimientos migratorios, dicha violencia llega a nuestras sociedades occidentales.

    La solución, en lo que a los países occidentales atañe, no se presenta fácil. Responder con violencia, sólo generará más violencia; pero quedarnos cruzados de brazos tampoco es posible, si no queremos que nuestras propias estructuras sociales terminen derrumbándose.

    Personalmente, soy profundamente pesimista, Occidente tiene el poder militar más grande de la Historia, pero es víctima de una crisis de valores que le incapacita para defenderse.

    En cuanto a este muchacho tunecino, motivo de la bitácora de hoy, desde el punto de vista cristiano, no puedo hacer otra cosa que desear que su alma descanse en paz. Me resulta difícil, eso sí, lamentar su muerte, en tanto su existencia era un grave peligro para la de sus semejantes.

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