Ciao, Colau

Escribid

Al final los cuatro mosqueteros se quedaron sin reunión con el Papa, de modo que a saber lo que estarán diciendo de Francisco, del Vaticano y de la corte celestial.

Los cuatro son los alcaldes de Barcelona, Madrid, Valencia y Zaragoza, juntitos en Roma merced a no sé qué pegamento que los singulariza, aunque no debe ser su política de colaboración con la iglesia católica.

Ya el día de su llegada Carmena se encargó de marcar distancias diciendo algo así como que ellos, que no tienen sentimientos religiosos, los suplen con un humanismo bárbaro, como si la religión fuese rezar el rosario de las siete en la catedral.

Pues diga usted, señora mía, que es una atea redomada y déjese de circunloquios vergonzantes, que ya ve que el Papa pasa de recibirlos hasta que dejen de hacer y de decir tonterías como si fuesen una panda de niños traviesos que se quedan cinco minutos sin la vigilancia de la seño.

El de Zaragoza estaba convencido de que lo recibiría por lo mucho que él se parece a Giancarlo Giannini, pero a Francisco todavía le duelen los oídos de la tremenda pitada que los zaragozanos le dedicaron a Santiesteve durante el pregón de las fiestas del Pilar.

Ada Colau, con esa sonrisa a medio hacer que ponen las monjas cuando te quieren echar la bronca, lo tenía mucho más difícil porque la alcaldesa acaba de editar una cartelería municipal en varios idiomas _ árabe, tagalo urdú incluidos _, y no lo ha hecho en castellano. ¡Pero, Adita Colaucita… si ése es el idioma del Papa! ¡Menudo desprecio le acabas de hacer, a él y a los miles de emigrantes de América y a los miles de compatriotas que llegan a Barcelona. ¿O les vas a imponer el catalán antes de que aterricen? Si eres más hortera hay que ponerte el abrigo al revés para que te encaje.

En fin, que os quedasteis sin foto para el despacho.

Un comentario a “Ciao, Colau”

  1. Aureliano Buendía

    Este Papa filoperonista que padecemos (iba a llamarle “filomontonero”, pero quizá sea exagerar), anda en lo que buena parte de la jerarquía católica del Siglo XX perdió el tiempo (y buena parte de su influencia social).

    Piensan los curas progres que al rebaño se le convence balando como él, y no es cierto en absoluto.

    Estando la Iglesia (que como toda obra humana, es perfectible) muy desconectada de la realidad de su tiempo, allá a mediados del pasado Siglo, se convocó, con la mejor de las intenciones, el Concilio Vaticano II, que tuvo indiscutibles efectos benéficos, en cuanto adaptación de la doctrina católica a los nuevos tiempos. Evidentemente, la Iglesia no podía vivir en el Siglo XX bajo los principios de Trento.

    Pero, claro, de la innovacción conciliar, como de todas las cosas, no conviene abusar, porque termina produciendo efectos secundarios indeseables.

    Y hubo quien abusó, y mucho, y terminó por creer y difundir que marxismo y cristianismo eran las dos caras de la misma salvación. En América del Sur hay casos de estos, a montones.

    No dudo de la buena intención de estos, más que pastores, borregos con sotana, pero su acierto sí es muy discutible. Entonces, como ahora, la intención de los marxistas no es encontrar puntos de unión con la Iglesia, sino utilizarla como un instrumento más en su lucha revolucionaria.

    La cooperación sincera es imposible, desde el momento en que nadie puede tener dos religiones, y la aspiración del marxismo no es eliminar la religión para librar al hombre de la misma, sino para sustituirla. Se sustituye a Dios por el Partido, y a los curas por las “élites revolucionarias”, y ya la tenemos armada.

    Pero, por más que a mí me parezca diáfano, todavía hay mucha gente dispuesta a confundir y a dejarse confundir. Es el caso de este Padre Bergoglio, encantado de abrazarse con aquellos que, a poco que puedan, quemarán la Iglesia (entendido el vocablo en su sentido arquitectónico) con el cura dentro.

    ¿Consigue con ello convertir a alguno de los rojiprogres?. En absoluto. Lo que puede conseguir, en cambio, es crear una situación de desconcierto entre los fieles, un incentivo para separarse de la Iglesia.

    En suma, que el Papa argentino (tenía que ser) está haciendo un pan con unas hostias.

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