Inda-Bescansa, a degüello

Inda acorralado es temible

El tradicional combate semanal Inda-Bescansa que se celebra en un concurrido plató a mayor gloria de luchadores y convocantes, vivió en esta última ocasión un episodio que definitivamente equipara ese espacio televisivo y sus participantes con otros que dedican su tiempo a la fina charcutería, a los chacinados y a las gallinejas, a los que llaman del corazón por ahorrarse el resto de las vísceras, menos elegantes y glamourosas.

Ocurrió que doña Carolina quiso sacar tajada de donde probablemente no había magro ni grasa, sino hueso mondo y lirondo. Las porteras hablaban en las redes ese sábado que si Inda no pasa manutención a sus hijos, si es su exmujer la que sisa, si la actual la que se querella y otros asuntos de tan baja estofa que hubiese sido de gran provecho habérnoslos ahorrado.

Ahora bien, como es guerra y en ella cualquier agujero es trinchera, allí que se mete la compostelana, toda entera, toda ufana.

Con Inda va aviada, que callado no estaría. Y ya sea porque se la guardaba para cuando mejor aviniese, ya porque la trae preparada para esa jornada pues teme lo de la manutención, el caso es que el periodista clava el estoque a la gallega en lo alto de la cerviz y pide a los espectadores que vayan al buscador y allí escriban el nombre del padre de Carolina y el de una muchacha de 19 años, pues de esa forma se llevarían una sorpresa.

Es de suponer que en estas últimas horas la búsqueda ha sido multitudinaria, porque estas cosas atraen más que las degustaciones gratuitas de jamón. Allí se encontraron con una noticia de 1989 que entonces publicaron todos los diarios, cual es que el padre de Carolina fue condenado por imprudencia simple con resultado de muerte en el ejercicio de su profesión de anestesista. Se pueden ustedes imaginar que la mujer ha destapado la caja de los truenos y avecina más tormenta.

2 Comentarios a “Inda-Bescansa, a degüello”

  1. sergio

    No puede decirse que Inda haya estado fino, ciertamente, pero empezó la compostelana metiéndose en un jardín que no correspondía.
    Si tú te tomas la licencia de enmerdar a tu contrario con cuestiones relativas a su vida privada te arriesgas a que él haga lo propio. Y no puedes ponerte como la niña del exorcista porque te apliquen tu propia medicina.
    Doña Carolina no tiene un Moncho Alpuente que le diga que es cosa fina, sino un Eduardo que tira con dardo… envenenado.

  2. Aureliano Buendía

    Que entren al debate político las cuentas matrimoniales (o “divorciales”, si puede decirse así) de Inda, o los errores que pudo cometer en su profesión médica el padre de Carolina Bescansa, muestra bien a las claras en lo que estamos cayendo, y una vez más, se me plantea la manida y nunca resoluta cuestión del huevo o la Gallina:

    ¿Tenemos una política de mierda porque el periodismo es de letrina, o viceversa?.

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