El genoma hermano

Comparativa de pez, salamandra, tortuga, pollo, cerdo, vaca, conejo y hombre

A golpe de vista da la impresión de que en esta legislatura pueden fructificar muchos más pactos de los que se pensaba cuando la gestora dio carpetazo a Sánchez, y a no ser que cambie la estrategia del PSOE, podrían salir de ella leyes de amplísimo consenso.

Es lo lógico, porque a los dos partidos con alternancia en el poder y a un tercero que quiere colarse en el juego de las sillas, les pasa lo mismo que al genoma de los cerdos y de los hombres, que son iguales en un 98 por ciento; dicho sea con todo el respeto para con los cerdos y para con nosotros mismos.

La cadena de ADN puede tener sus piezas colocadas en distinto orden de prioridades, pero en el fondo la forman los mismos elementos y basta bajar dos puestos unos y subir tres los otros para convertir un Large White en un Donald Trump, dicho otra vez con todo el respeto que cabe en la Vía Láctea.

Por ese lado no tiene por qué haber más dificultades que la voluntad de las personas. Lo absurdo es el empecinamiento sanchista en ver diferencias insalvables donde hay el mismo ADN un poco desordenado.

En este caso, como tantas veces, los problemas vienen del lado de la cartera. Es decir, si la cartera permite establecer los pactos al alza sin deterioro de las previsiones de gasto, sin deterioro de los compromisos, etc, etc.

Si eso es así, miel sobre hojuelas. Quienes más sufrirían las consecuencias políticas de esta situación serían los que voluntariamente han optado por intentar escaparse del ADN común tildándolo de casta, los que no van a festejar el aniversario de la Constitución, los que sufren cefaleas cada vez que se les recuerda que los españoles ya nos habíamos dado el abrazo de Vergara en 1975, en el 76 y en el 78; y los que despliegan toda su farsa aprovechando que el viento sopla de proa. Tanto subir y bajar las escaleras del Congreso les va a resultar insoportable.

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