Zafarrancho de combate

Elemental, querido Epi; tabaco, fuera; alcohol, dentro

El problema no es conseguir una buena ley antibotellón, que también, sino en hacerla cumplir. Hay leyes para casi todo, incluida la lucha contra la alcoholización de los menores. Que se obedezcan es otro cantar.

En la iniciativa legal que ahora se anuncia por parte de la nueva ministra de Sanidad se alude al éxito de implantación conseguido con la ley contra el tabaco en los espacios cerrados, como una especie de estímulo colectivo para creer que también en este caso se pueden obtener los resultados apetecidos.

La primera diferencia que encontramos es que los espacios a vigilar, los afectados por la prohibición, son exactamente los contrarios a los de la ley contra el tabaco; pues si entonces se trataba de liberar de humo los espacios cerrados, con ésta se trata de liberar de alcohol los abiertos. Y si en el primer caso no hay ninguna excepción que lo permita, en el segundo el calendario nos ofrece una interminable serie de excepciones, especialmente en verano y muchas de ellas, alentadas por los propios organismos públicos.

En su parte coercitiva el articulado ha de ser sota, caballo y rey. Se prohíbe el consumo de alcohol en espacios públicos abiertos. Si el infractor es adulto, se le multa; y si es menor, se multa a sus padres. Quienes vendan o proporcionen de alguna manera alcohol a un menor, perderán cualquier permiso comercial que puedan estar disfrutando. Ala, a arrear y a aplicarla.

Si eso no está ya escrito en todas y cada una de las comunidades, a nivel estatal, o por familias, municipios y sindicatos, es que somos sumamente tontos.

Por el contrario, en la parte preventiva, el campo es tan amplio como el del propio botellón, campo abierto digno de los mayores esfuerzos.

De modo que bienvenido sea el anuncio. Cualquier cosa menos cruzarnos de brazos.

Un comentario a “Zafarrancho de combate”

  1. rois luaces

    No he oido nada de la “tenencia” de alcohol por menores o su recorrido por la calle.
    Vemos a menudo las borriquitas cargadas de botellas transitar por la ciudad señalando el camino del botellón, como las hormiguitas marcan el del hormiguero. ¿Son ciegos las autoridades?

Comenta